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Ritos de pasaje para esta generación

Se dice que el proceso de creación de las naciones (en inglés, nation-building) está constituido por ciclos que toman unos 40 años para saber si se consolida su florecimiento o su decaimiento. La Segunda República costarricense se fundó a lo largo de la década de los años 40 del siglo XX. Cuarenta años después, en la década de los 80, se había consolidado el florecimiento del Estado y sus instituciones, de la revolución socialdemócrata y de una justicia socioeconómica con tintes escandinavos.

Para la década de los 80, el mundo había visto implosionar a la Unión Soviética y fue testigo del fin de la Guerra Fría con la caída del muro de Berlín. En esa misma década, Costa Rica inició un agresivo proceso de apertura comercial y de restauración ecológica que le permitieron al país consagrarse como el mejor ejemplo de desarrollo regenerativo en el mundo, duplicando su cobertura boscosa y multiplicando 7 veces su producto nacional bruto.

En la actual década de los 20 del siglo XXI, llega al final este período de 40 años con una sensación de decaimiento, por no llamarle fracaso. La inmensa riqueza que generó el país, gracias al comercio internacional, se concentró en pocas manos y no logró distribuirse de manera equitativa en oportunidades para las personas en mayor condición de vulnerabilidad socioeconómica.

La “conservación por la conservación”, sin la posibilidad de disfrutar la naturaleza de manera plena, hizo que se crearan paquetes comunitarios de alta densidad económica en la industria del turismo. Mientras tanto, las comunidades que, por generaciones han cuidado de los bosques más preciados y consagrados como Parques Nacionales, continúan viviendo en la pobreza.

Para colmo de males, a pesar de toda esta riqueza económica y ecológica dejamos caer la joya de la corona que fue la educación pública, aquella que nos distinguió a nivel mundial desde fines del siglo XIX.

La democracia no es de la simpatía de todos. Temo que si hubiera un referéndum para decidir “sí o no” continuar viviendo en democracia, el resultado podría incomodarnos. Aunque no es de sorprender, pues la democracia exige participación y libertad, demanda conciencia cívica y sensibilidad social y robustecerla sólo tiene sentido si creemos que tiene mérito la subsistencia de lo colectivo.

Durante aquellos primeros 40 años de la Segunda República nuestra nación, al igual que muchas otras, vivió con miedo al comunismo por la vía de las armas. Pero siempre dormimos tranquilos ante la amenaza del autoritarismo por la vía democrática que se incubaba en Centro y Suramérica.

Hemos llegado a una encrucijada en la que el país debe definir qué le interesa. Llevamos años de no tener necesidad de que alguien nos guíe con una visión próspera de un futuro potable que podamos construir juntos. ¿Para qué entonces querríamos la democracia?

Al llegar al final de estos segundos 40 años de la Segunda República es de esperar que habrá cambios profundos. No serán del agrado de todos. Se aproximan ritos de pasaje, sacrificios para esta y la próxima generación, que edificarán la Costa Rica que seremos en el año 2060. Hacia allá vamos, es inevitable y es indispensable que superemos el decaimiento.

Escuche el episodio 302 de Diálogos con Álvaro Cedeño titulado “Ritos de pasaje”.

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