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Secreto y valentía

Hemos sido convocados a las urnas. Es el mínimo deber patriótico con el que se sostiene la democracia.

Llama la atención que, en los días previos a la elección presidencial, quienes están a favor y en contra del continuismo tienen la misma receta narrativa para los del bando contrario:

  • “No me explico como una persona estudiada, inteligente con experiencia con recursos y con mundo puede optar por esa opción tan terrible”
  • “Abran los ojos”
  • “Reflexionen bien su voto”
  • “No se dejen engañar”
  • “Sólo un tonto votaría por esa persona”

Es gracioso cuando uno lo lee de manera superficial. La gran y notoria diferencia al profundizar en los mensajes es que mientras los de un bando hacen estos comentarios de manera empoderada, envalentonados por la razón que da el poder del fuerte, los del otro lado opinan con cautela desde el miedo, temiendo represalias sociales, políticas o económicas.

Esa diferencia la percibo por primera vez en una fiesta electoral costarricense. Sí la he visto manifestarse en otras latitudes: Nicaragua y Venezuela, para no ir muy lejos. En Irán ni siquiera es posible manifestarse en la calle sin arriesgar la vida por una bala al pecho o por un francotirador de la Guardia Nacional.

La libertad de elegir en una democracia tan sólida como la costarricense la disfrutamos, hoy y siempre, con la valentía que garantiza el votar en secreto. Esa es la opinión que más vale, la que sí cuenta, la verdadera encuesta, la que está protegida por la Constitución, garantizada por el Tribunal Supremo de Elecciones, y la que define el país en el que nos convertiremos.

Vamos a votar con fervor, con alegría, y con la valentía que este acto cívico demanda.

Escuche el episodio 303 de Diálogos con Álvaro Cedeño titulado “Secreto y valentía”.

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