Imagen principal del artículo: Azul añil y un museo muy particular 
Foto: Leonardo Daniel Pérez Bautista - Cortesía del Museo Frida Kahlo, via Wikimedia Commons

Azul añil y un museo muy particular 

Siempre he sido una mujer que ama los colores intensos, como una declaración rotunda de quién soy o deseo ser. Cada color existe como un territorio secreto que despierta ciertas emociones. Que lo digan, si no, quienes eligen vestirse siempre de un mismo tono. No es casualidad. Es, sin duda, una elección desde un sentimiento muy personal.

A todo esto, hace algunos años visité el museo de Frida Kahlo: La Casa Azul. Recuerdo que el azul lo ocupaba todo.

La Casa Azul es el universo íntimo de Frida Kahlo. Ella pasó aquí la mayor parte de su vida, primero con su familia y, años después, al lado de Diego Rivera.”

El azul es sumamente vibrante y curiosamente fue pintada así, a propósito, por Frida Kahlo ya que el azul añil se asocia con la purificación, la protección contra energías negativas y el “mal de ojo”. Otra manera que demuestra la creatividad de la pintora.

Ese color me cautivó . Sentí una emoción enorme, como si las paredes guardaran todavía las conversaciones entre Frida y Diego.

Al recorrer el museo comprendí que existen lugares que son mucho más que arquitectura. Al contrario, se constituyen como depositarios de identidad, memoria y significado.

“La Casa Azul” es un ejemplo revelador de un territorio íntimo que sobrevive al paso de los años. Cada objeto funciona como guardián de una historia. Quizá por eso me gustan tanto los museos, por ser relatos vivos.

Tuve la oportunidad de aproximarme con mayor profundidad al legado de estos dos destacados artistas. No sólo a sus obras sino a la  intimidad de sus vidas, de aquello que amaron y llamaron suyo.

Al asomarnos a los artefactos ajenos y a esos colores predilectos no solo los conocemos a ellos, también nos descubrimos a nosotros mismos. Comparar es comprender; es reconocer la diversidad cultural.

Este legado es, sin duda, una narrativa que atraviesa el tiempo y ojalá que también los colores nos sirvan de espejo de nuestras emociones, de lo que realmente sentimos y deseamos proyectar.