Empezamos 2026 con una nueva era caracterizada por cambios significativos. El orden global se encuentra en plena transición de una estructura unipolar a una multipolar y los avances en políticas comerciales, sobre todo en América del Norte, transforman día a día la dinámica global.
Estas tendencias globales presentan desafíos y oportunidades para todos los países. Sin embargo, las fortalezas competitivas de América Latina la posicionan especialmente bien para afrontar este momento. Durante más de dos décadas, el crecimiento económico de la región ha sido persistentemente inferior al promedio mundial y cada año que pasa sin corregir el rumbo reduce su peso relativo en la economía global.
Específicamente para Costa Rica, los niveles de crecimiento se han mantenido y el posicionamiento como clúster de servicios médicos demuestra que puede competir en manufactura de alta tecnología, no obstante, el reordenamiento comercial y los cambios en las cadenas de suministro son factores que deben considerarse.
La región ha llegado a un punto en el que mejorarla dejó de ser una aspiración deseable para convertirse en una condición indispensable de estabilidad económica y social. Para abordar las brechas de talento, los países podrían seguir el exitoso modelo costarricense de invertir en educación STEM y programas de capacitación especializados. Además, la modernización de la infraestructura podría reducir los costos de transporte y logística e incrementar la competitividad de la región.
Productividad e inversión, las claves
En los últimos 25 años, América Latina creció a una tasa promedio anual de 2.3%, muy por debajo del 3.0% global. En la última década, el rezago se profundizó con un crecimiento de apenas 1.2% anual. Mientras tanto, economías con niveles de ingreso comparables hace un cuarto de siglo crecieron casi el doble. El resultado es una región que hoy representa alrededor de 6% del PIB mundial pese a concentrar cerca de 7.6% de la población global. De mantenerse la trayectoria actual, hacia 2040 su participación económica sería apenas una fracción de su peso demográfico.
Dicho y aceptado esto, podemos partir que la raíz del problema, y la solución, está en la productividad, pero las consecuencias de no actuar son profundas. Si la región lograra elevar su crecimiento anual de productividad a niveles observados en economías pares, entre 1.7 y 2.6% anual, podría alcanzar un PIB de entre 8.9 y 10.3 billones de dólares (trillion en inglés) hacia 2040, entre 20 y 40% por encima de la proyección base. Este escenario permitiría acercarse al umbral de ingreso alto y crear una base más sólida de inclusión social, ahorro y consumo.
Lograrlo requiere un cambio profundo en el patrón de inversión. No basta con invertir más… importa invertir mejor. Hoy cerca de 80% del capital se dirige a sectores de baja complejidad productiva, con menores efectos de derrame tecnológico y de formación de capacidades. En contraste, las economías que lograron acelerar su productividad canalizaron recursos hacia infraestructura, manufactura avanzada, servicios intensivos en conocimiento y tecnologías habilitadoras.
Costa Rica tiene un perfil más concentrado en el sector agro (frutas y verduras) dispositivos médicos, semiconductores y outsourcing donde tiene una fuerte ventaja competitiva, mientras que sus servicios de TI son un contendiente prometedor.
Revitalización, aprovechamiento y puesta en valor
En este contexto, existen tres grandes ejes de oportunidad alineados con transformaciones globales en curso. La revitalización de la base industrial, el aprovechamiento de la digitalización global y la puesta en valor de los abundantes recursos naturales de la región. Estos tres ejes, en conjunto, podrían añadir entre 1.1 y 2.3 billones de dólares adicionales al PIB regional hacia 2040 y cerrar cerca de 60% de la brecha frente a un escenario de alto crecimiento.
Dentro de estos ejes se ubican sectores que requieren inversión transformadora y que concentran el mayor potencial de impacto. Se trata de la manufactura de nueva generación, soluciones Power-to-X (tecnologías que convierten electricidad renovable en otras formas de energía o productos), servicios digitales, centros de datos, el sector agroalimentario, el petróleo y gas, y los minerales críticos.
En conjunto, estos sectores podrían generar entre 590 mil millones y 1.2 billones de dólares en ingresos adicionales anuales hacia 2040, siempre que se movilicen inversiones acumuladas de entre 1.7 y 2.8 billones de dólares y se creen las condiciones habilitadoras necesarias.
Para el caso costarricense, se destacan tres sectores en los cuales el país tiene la oportunidad de impulsar la productividad y generar entre $15 y $25 billones de dólares hasta el 2040: Manufactura tecnológica de nueva generación (tecnologías avanzadas como IoT, IA, procesos de producción inteligente), Servicios digitales (análisis de datos, ciberseguridad, soluciones basadas en software) y Agroalimentación (agricultura y procesamiento de alimentos con innovaciones y prácticas sostenibles).
Reordenamiento geopolítico y tecnología, en la cancha de LatAm
El momento es particularmente relevante por el contexto geopolítico. El mundo avanza hacia una estructura multipolar, con cadenas de suministro más regionalizadas y alineadas políticamente. Desde 2017, la distancia geopolítica del comercio y de la inversión extranjera directa se ha reducido de manera acelerada.
Este reordenamiento crea riesgos, pero también oportunidades para regiones con ubicación estratégica, capacidad productiva y una posición relativamente neutral. América Latina cumple con estas tres condiciones y podría convertirse en un socio confiable en nuevas configuraciones de comercio e inversión.
A ello se suma la aceleración tecnológica. La expansión de la inteligencia artificial, la computación en la nube y los servicios digitales está creando mercados de billones de dólares y una demanda creciente de talento, infraestructura digital y energía confiable.
Aunque la región aún rezaga en adopción tecnológica, cuenta con ventajas relevantes en costos laborales, husos horarios alineados con América del Norte, velocidades de conectividad competitivas y una base creciente de capital humano.
En pro del contrato social latinoamericano
Nada de esto ocurrirá de manera automática. Para convertir el potencial en resultados, la región debe activar cuatro aceleradores estratégicos. Diversificar activamente sus corredores comerciales, fortalecer la integración e inversión intrarregional, simplificar marcos regulatorios en sectores clave y acelerar la capacitación y reconversión de su fuerza laboral. Estos aceleradores son el puente entre la oportunidad y la ejecución.
La ventana de acción es finita y la desaceleración del crecimiento de la fuerza laboral hace que cada año perdido pese más que el anterior. La productividad es el eje sobre el cual se define la viabilidad del contrato social latinoamericano.
América Latina y Costa Rica tienen los activos, el contexto global juega a su favor y los números muestran que el salto es posible. La pregunta que queda es si existirá la voluntad colectiva para aprovechar este momento histórico o si, una vez más, el potencial quedará sin realizarse.
