La crítica que Bell Hooks formuló en 1987 en su libro Teoría Feminista: De los márgenes al centro, sobre la falta de consenso en torno al feminismo no solo sigue vigente, sino que parece más urgente que nunca.
En nuestra era de las redes sociales, el significado del movimiento feminista se diluye entre el contenido que consumimos masivamente a diario: las publicaciones de influencers, las peleas en la sección de comentarios y el ruido de las pachucadas de políticos y políticas. De esa manera, el feminismo se convierte, muchas veces, en una pañoleta morada que cualquiera puede ponerse y quitarse a conveniencia.
Por eso, antes de seguir “escroleando” en el celular y aprovechando que aún seguimos en marzo, vale la pena detenerse y hacerse una pregunta esencial, especialmente para quienes se autodenominan feministas: ¿qué entendemos realmente por feminismo? ¿Por qué salí a marchar el domingo?
En las conversaciones del día a día, el feminismo suele asociarse con la lucha contra el machismo y la búsqueda de igualdad de oportunidades frente a los hombres: que podamos ser gerentes, ejecutivas, políticas, que ganemos el mismo salario en igualdad de condiciones. Son demandas legítimas y necesarias. Pero, dentro de la burbuja que Instagram, TikTok y Facebook contribuyen a construir, el feminismo se transforma y se difumina: se individualiza, se convierte en un estilo de vida, y el "activismo" queda reducido a llevar una tote bag con un puño morado o una camisa que diga the future is female.
Esa deriva elitista ya la anticipó Hooks mucho antes de que existiera la saturación mediática que vivimos hoy. Y en ese momento, alzó la voz y recordó que el feminismo es un compromiso político para erradicar la opresión sexista y, con ella, "los distintos tipos de dominación que existen en la sociedad". Recordatorio que, visto las últimas noticias, no está de más.
Hooks nos hace ver que el movimiento es, en esencia, colectivo, y que no puede desligarse de la lucha de clases, de la lucha racial ni de aquellas que llevan los distintos sectores en la sociedad que son reprimidos de alguna manera.
En sus palabras:
Cuando el feminismo se define de tal manera que atrae la atención sobre la diversidad de la realidad racial y política de las mujeres, centraliza las experiencias de todas ellas, especialmente de aquellas cuyas condiciones sociales han sido menos descritas, estudiadas o transformadas por los movimientos políticos. Cuando dejamos de centrarnos en la posición simplista de 'los hombres son el enemigo', nos vemos obligadas a analizar los sistemas de dominación y nuestro propio papel en su mantenimiento y perpetuación."
Desde ahí, quisiera invitar a quienes decimos defender el feminismo a hacernos preguntas que incomodan: ¿cuánto de nuestras acciones refleja ese compromiso político real? ¿Cuánto tomamos en cuenta, dentro de nuestro movimiento, a mujeres con condiciones y realidades muy distintas a las nuestras? ¿Cuánto de nuestra identidad feminista no es más que una moda?
Las miles de personas que marchamos el domingo recuerdan e inspiran esa naturaleza colectiva del movimiento. Pero, los “selfies” y los publicaciones del 8M no bastan si no se traducen en una verdadera conciencia crítica dentro de la vida cotidiana, y eso incluye, necesariamente, cuestionar, debatir y reexaminar el propio movimiento.
Termino, con el impulso de que se nutra ese diálogo, no solo para conmemorar esa fecha tan importante, sino porque es esencial ante la realidad del país. Costa Rica país atraviesa un momento peligroso y especialmente delicado para los derechos de las mujeres. Las últimas cifras de los femicidios no mienten. Y, exactamente, una de las formas más poderosas de protegernos es justamente esa: el compromiso político consciente de cada una de nosotras.
