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Interoperabilidad en salud: una tarea de todos

Quienes trabajamos en el sistema de salud costarricense hemos sido testigos de avances importantes en digitalización. El Expediente Digital Único en Salud (EDUS) es uno de los proyectos más transformadores de nuestro país, y ha marcado un antes y un después en la forma en que se gestiona la información clínica.

Como microbióloga y líder usuaria del Sistema de Información de Laboratorio Clínico (SILC), he vivido de cerca ese proceso y comprendo el enorme valor que tiene la información clínica cuando se pone al servicio de la atención médica. Sin embargo, a lo largo de este camino he aprendido algo fundamental: tener datos no es suficiente. Los datos deben poder encontrarse entre sí para que realmente sirvan.

Hoy en Costa Rica, miles de pacientes se realizan exámenes de laboratorio en centros privados. Muchos de esos resultados contienen información valiosa para el diagnóstico, el seguimiento y el tratamiento de enfermedades. Pero con frecuencia esos datos no llegan a los médicos que los necesitan en el sistema público. Se repiten pruebas que ya se habían hecho, se retrasan decisiones clínicas y se consumen recursos que podrían destinarse a atender a otros pacientes.

Pensemos en algo concreto: una persona se realiza un hemograma completo en un laboratorio privado un viernes, y el lunes siguiente acude a su cita en el hospital público. Su médico no tiene acceso a ese resultado y ordena el mismo examen. Esa duplicidad no solo representa un gasto innecesario, sino que retrasa la atención y prolonga la espera. Multiplicado por miles de casos, el impacto sobre el sistema es enorme.

Eso es precisamente lo que la interoperabilidad busca resolver: permitir que los resultados de laboratorio viajen de manera segura y estandarizada entre sistemas de información distintos, para que la información correcta llegue a la persona correcta en el momento correcto. No es solamente una palabra técnica; en realidad significa algo mucho más humano: cuidar mejor a un paciente.

Es natural que un tema como este genere inquietudes, y quiero abordarlas con transparencia. La interoperabilidad no es privatización: no se trata de trasladar funciones públicas al sector privado ni de debilitar a la Caja Costarricense de Seguro Social. Al contrario, se fortalece al sistema público permitiéndole aprovechar información que ya existe y que el paciente ya pagó de su bolsillo. Tampoco se pone en riesgo la confidencialidad de los datos: los resultados viajan cifrados, los accesos están controlados y únicamente el paciente y su médico tratante pueden ver esa información.

Nada ocurre sin el consentimiento informado del paciente, quien decide qué se comparte y con quién. Y no se busca sacar provecho de nadie: la única motivación es que los resultados que las personas ya pagaron sean útiles en su atención médica, en lugar de quedar archivados sin que nadie más los aproveche.

Este modelo es, ante todo, centrado en el paciente. El paciente es quien autoriza que sus datos se compartan. El paciente es quien se beneficia al no tener que repetir exámenes. Y el paciente es quien recibe una atención más rápida y más precisa porque su médico cuenta con un panorama más completo. Pero el impacto va más allá de lo individual. Al aprovechar la información generada en laboratorios privados, se reduce la carga sobre los laboratorios clínicos de la CCSS, que hoy enfrentan una demanda enorme.

Ese descongestionamiento permite atender de manera más oportuna a quienes no tienen la posibilidad de realizarse exámenes en el sector privado y contribuye directamente a reducir las listas de espera. Cada examen que no se repite innecesariamente es un espacio que se libera para otro paciente. Darle validez a los resultados de laboratorios privados dentro de las atenciones médicas del sistema público es una forma inteligente y responsable de optimizar recursos.

La interoperabilidad no se construye desde una sola institución, sino desde un ecosistema. Se construye cuando los laboratorios privados comparten resultados de manera estructurada, cuando los desarrolladores de sistemas adaptan sus plataformas a estándares internacionales como HL7 FHIR, cuando las instituciones públicas abren espacios de integración y cuando los colegios profesionales y las autoridades sanitarias definen reglas claras y sostenibles.

Costa Rica tiene una tradición valiosa de colaboración entre lo público, lo privado y los profesionales de la salud. Si logramos trasladar ese espíritu a los datos clínicos, podremos construir un modelo que no solo mejore la atención de nuestros pacientes, sino que también posicione al país como referente regional en salud digital.

La invitación es sencilla: abramos los sistemas, compartamos los datos de manera responsable, construyamos estándares comunes y hagamos de la interoperabilidad una herramienta para cuidar mejor a nuestra gente. Siempre con el consentimiento del paciente, siempre con seguridad, siempre centrándonos en quien más importa: la persona que espera una respuesta. Porque detrás de cada resultado de laboratorio siempre hay alguien esperando, y esa respuesta puede llegar más rápido cuando trabajamos juntos.d