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Perezoso gigante y mastodonte hallados en Cartago habitaron Costa Rica hace más de 14.000 años

Megafauna habitó Costa Rica durante el final de la Edad de Hielo. Restos del perezoso y del mastodonte fueron encontrados a 700 metros de distancia.

Un equipo de investigadores del Museo Nacional de Costa Rica trabaja en el análisis y conservación de decenas de restos fósiles hallados en un río en Orosi de Cartago, pertenecientes a un mastodonte y a un perezoso gigante.

En detalle, los análisis de carbono 14 permitieron determinar que el mastodonte vivió hace aproximadamente 13.400 años, durante el final de la Edad de Hielo. En el mismo río, aunque a 700 metros de distancia, también se hallaron restos de un perezoso gigante cuya datación indica una antigüedad de 14.400 años, es decir, cerca de mil años más antiguo que el mastodonte.

Guillermo Alvarado, geólogo de la Academia Nacional de Ciencias, detalló:

Son 1000 años de diferencia exactamente entre uno y el otro. Eso quiere decir que son dos niveles geológicos diferentes, pero muy cercanos en el tiempo y muy cercanos en el espacio, separados por 700 metros. Eso lo vuelve muy interesante para los arqueólogos, para la parte de la flora durante el periodo de la edad del hielo, justamente ahí estamos en plena edad del hielo”.

Ambos animales pertenecían a la megafauna que habitó el territorio durante ese periodo. Los hallazgos forman parte de una investigación científica iniciada a principios de este año y que ya ha permitido recuperar 71 piezas óseas del mastodonte, lo que convierte este descubrimiento en uno de los más importantes de megafauna registrados en el país.

Entre los restos recuperados se encuentran vértebras, fragmentos de costillas, tibias y partes del cráneo, así como una defensa de aproximadamente 1,60 metros que fue trasladada a la sede del museo en Pavas debido a su tamaño y peso. La extracción de esta pieza representó uno de los mayores retos del proyecto, ya que fue necesario movilizarla manualmente durante cerca de 300 metros por terreno de aluvión y con un equipo de varias personas coordinando el traslado.

En el caso del perezoso gigante, algunas vértebras muestran deformaciones que indican que el animal sufría artritis severa, mientras que el análisis comparativo de piezas permite estimar que podía alcanzar hasta seis metros de altura al erguirse, lo que lo convierte en uno de los animales terrestres más grandes que habitaron el territorio.

Los expertos indicaron que el perezoso llegó a medir unos seis metros en su edad adulta si se ponía de manera erguida.

El proceso

El proyecto está liderado por la geóloga Joanna Méndez, del Museo Nacional, y surgió gracias a la alerta de un vecino de la zona, quien encontró una pieza inusual en el cauce del río y decidió reportarla a la institución.

Tras la inspección inicial, los investigadores confirmaron que se trataba de restos de mastodonte y comenzaron un proceso de excavación en condiciones complejas, ya que los huesos se encontraban enterrados en un área húmeda al pie de un talud y cubiertos por barro y sedimentos.

Según explicó Méndez, la extracción de los fósiles ha sido un proceso delicado debido a la fragilidad de las piezas. Para protegerlas durante el traslado se emplea una técnica de conservación que consiste en envolver los restos con papel, yute y yeso, lo que permite mantener su integridad hasta que llegan al laboratorio del museo.

Posteriormente, los fósiles pasan por un proceso gradual de secado, limpieza y curado para asegurar su preservación como parte del patrimonio paleontológico nacional.

Sobre el sitio, Méndez describió que posiblemente era una zona muy rica en bosque y árboles y que tal vez era un lugar donde llegaba la fauna a alimentarse.

Pudo haber muerto (el mastodonte) por causas naturales y quedó en condiciones geológicas adecuadas, con poco oxígeno y rápida sedimentación, y se logró preservar esto. Yo le llamo (a la zona) como el valle encantado, porque parece que es un sitio en el que la fauna estaba llegando a realizar sus actividades habituales”.

Nuevas oportunidades de conocer el pasado

El geólogo Guillermo Alvarado explicó que el descubrimiento ofrece nuevas oportunidades de investigación sobre los ecosistemas del pasado.

En el sitio también se han recuperado maderas carbonizadas, semillas, hojas y polen, elementos que permitirán reconstruir el ambiente donde vivieron estos animales y comprender mejor cómo era el paisaje de Costa Rica durante la Edad de Hielo.

Fragmento de hoja no identificada encontrada en los sedimentos junto a los restos de Cuvieronius. Fotografía: Museo Nacional

Además de su valor científico, el hallazgo permite estudiar aspectos de la biología de estas especies. Alvarado mencionó:

Se va a hacer todo un estudio integral donde se engloba esto por parte de los expertos en lo que es la flora del país”.

El proyecto también ha despertado el interés de investigadores internacionales. Científicos de Estados Unidos, México y Alemania ya se encuentran en contacto con el Museo Nacional para desarrollar estudios adicionales sobre ADN, genética, adaptación y paleoambiente.

Los especialistas destacan además el papel de la ciencia ciudadana en este tipo de hallazgos. El reporte inicial realizado por un vecino permitió rescatar los fósiles antes de que la erosión del río los destruyera. “Si no nos hubiéramos dado cuenta, probablemente en uno o dos años el río habría eliminado gran parte del registro fósil”, explicó Méndez.

Actualmente, los investigadores continúan analizando las piezas y evaluando la posibilidad de realizar nuevas excavaciones en la zona, aunque advierten que la inestabilidad del terreno representa un riesgo para el equipo de trabajo.

Los fósiles formarán parte de la colección científica del Museo Nacional, donde serán preservados para futuras investigaciones y para su eventual exhibición pública. El museo habilitó una entrada en su sitio web con todos los detalles de los hallazgos.