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Volver a lo básico

Nuestra cognición está plagada de suposiciones. Esto convierte la interacción entre seres humanos en una continua Torre de Babel donde es cada vez más difícil filtrar lo genuino y verdadero de lo falso y tendencioso.

Reducir los conceptos a su versión más básica significa limpiarlos de suposiciones. Esto nos da la posibilidad de tener una comunicación más efectiva entre personas. El escenario se complica cuando esa comunicación es por medios digitales. Es aún peor cuando la inteligencia artificial elabora ideas que asumimos como verdades absolutas a partir de los insumos que le alimentamos. Si ya era problemático lidiar con influenciadores digitales en la economía de la atención, pues ahora tenemos el influenciador por más poderoso que ha existido dentro del bolsillo.

Volver a lo básico significa recordar qué es lo que sostiene a la civilización. No en términos ecológicos porque es obvio que la biósfera es una sola y no estamos por encima de ella ni ella a nuestro servicio. Nos referimos a seis elementos fundamentales:

  • Agua: no sobrevivimos 3 días sin ella. ¿Qué estamos haciendo para garantizar el flujo continuo de suficiente agua potable en cada una de nuestras comunidades? Los problemas de agua de hoy son fallas que no se corrigieron en los 10 años previos.
  • Alimento: una octava parte de la humanidad padece de desnutrición crónica. Además, los precios de los alimentos oscilan en función a reglas del mercado que no respetan criterios nutricionales. De modo que otra octava parte del planeta consume calorías en exceso sin valor nutricional, pero es lo que pueden comprar. Se avecinaba una crisis en los sistemas alimentarios globales para la próxima década y luego vino la guerra contra Irán. No es de extrañar que en el transcurso de este año ya percibamos algo de esa crisis.
  • Seguridad: nos referimos a las reglas que garantizan la libertad para aspirar a la prosperidad y vivir en paz. Esto es cada vez más raro adonde sea que miremos, dentro y fuera del país.
  • Empleo: ya se terminó la era en la que las políticas públicas facilitaban la creación de empleo a través de incentivos para la empresa privada o expansión institucional en el sector público. Empleo hoy en día es la capacidad de dedicarse a una actividad productiva que vincule nuestro espíritu emprendedor con el sustento propio. ¿Cuáles políticas e incentivos serían idóneas para crear y facilitar ese sistema que estimule medios de productividad unipersonales?
  • Medio ambiente: ¿Cuánto tiempo estamos inmersos en la naturaleza? La restauración que experimenta nuestro organismo cuando nos dejamos abrazar por el entorno natural es invaluable en términos monetarios y precioso en términos de bienestar.
  • Comunidad: la pandemia dejó muy claro el valor de la comunidad para nuestro bienestar. Hoy más que nunca anhelamos convivir con personas cuyas semejanzas nos unan y cuyas diferencias nos enriquezcan. Es más un tema de sensibilidad que de reglas.

Dejamos por fuera dos temas esenciales que quizás ya no sean tan básicos: la educación y el mercado. Ambos merecen un análisis aparte. Por ahora, basta decir que la híper-digitalización en la que vivimos está provocando transformaciones disruptivas en cómo aprendemos y en cómo intercambiamos bienes y servicios.

Volver a lo básico nos hace reflexionar también si la política como la conocemos es tan importante o si es más disonancia que alimenta la Torre de Babel.

Escuche el episodio 310 de Diálogos con Álvaro Cedeño titulado “Volver a lo básico”.

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