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En Costa Rica no todos los jóvenes empezamos desde el mismo lugar

En Costa Rica solemos hablar del esfuerzo como si todas las personas partieran desde el mismo punto. Escuchamos constantemente frases como “el que quiere puede” o “todo depende de echarle ganas”, pero pocas veces nos detenemos a pensar que las oportunidades en nuestro país no están distribuidas de la misma manera.

No es igual crecer en una zona con acceso cercano a universidades, empleo, internet estable y transporte eficiente, que hacerlo en comunidades donde estudiar implica levantarse antes del amanecer, recorrer largas distancias o incluso abandonar el lugar donde nació para poder aspirar a un futuro distinto.

Ahí es donde aparece una de las mayores contradicciones de este país. Costa Rica habla de innovación, tecnología y modernidad, pero no todas las comunidades están viviendo esa transformación al mismo ritmo. Mientras en algunos espacios se discute sobre inteligencia artificial, emprendimiento y desarrollo digital, todavía existe un sector de las juventudes que luchan diariamente por algo tan básico como una conexión estable a internet o un transporte público eficiente para poder estudiar o trabajar.

El desarrollo parece avanzar de manera desigual, concentrándose principalmente en ciertas zonas del país, mientras otras continúan esperando infraestructura, oportunidades laborales y acceso real a herramientas que permitan crecer.

Hay jóvenes en Costa Rica que viven cansados antes siquiera de iniciar su vida profesional. No porque nos falten sueños o disciplina, sino porque las circunstancias les exigen el doble para alcanzar objetivos que para otros resultan mucho más accesibles. Mientras algunos pueden concentrarse únicamente en estudiar, otros deben dividir su tiempo entre el trabajo, los largos traslados, las responsabilidades familiares y la incertidumbre económica.

Muchas veces el discurso nacional insiste en que el éxito depende únicamente del esfuerzo personal, como si todas las personas partieran de las mismas condiciones. Sin embargo, la realidad demuestra lo contrario.

A pesar de ello, muchas comunidades continúan sosteniéndose gracias al esfuerzo colectivo. Gracias a personas que aún trabajan por nuestros barrios, por nuestros distritos, por sus iglesias, por asociaciones comunales o espacios juveniles que intentan llenar vacíos que durante años han sido ignorados. Existe liderazgo, compromiso y talento en cada rincón del país, aunque muchas veces no reciba la misma visibilidad.

La realidad rural y la realidad urbana continúan teniendo diferencias profundas. La centralización de oportunidades en la Gran Área Metropolitana ha provocado que para muchos jóvenes crecer profesionalmente implique alejarnos de nuestras raíces, de nuestras familias y de nuestras comunidades. Y aunque migrar puede representar una oportunidad, también puede convertirse en una carga emocional silenciosa: la sensación de tener que irse no porque se quiera, sino porque quedarse parece limitar el futuro.

Hablar de igualdad de oportunidades requiere reconocer primero que las condiciones de partida no son iguales. Porque el talento no está concentrado únicamente en las ciudades, ni el potencial depende del código postal de una persona. Lo que sí cambia profundamente el destino son las posibilidades de acceso, acompañamiento y desarrollo.

Costa Rica tiene jóvenes capaces, resilientes y comprometidos en todas sus regiones. Lo que hace falta es un país que deje de asumir que todos comienzan desde el mismo lugar y empiece, verdaderamente, a construir oportunidades más justas para todos. Porque ningún joven debería sentir que abandonar sus raíces es la única forma de construir un futuro.