Imagínese una fábrica de galletas fundada hace más de 75 años por una generación brillante de emprendedores. Durante décadas produjeron una galleta tradicional, famosa, rentable y querida por todos. La fábrica creció. Se volvió referente. Generó empleo. Construyó prestigio.
Pero el mundo cambió.
Un día, uno de los herederos más jóvenes regresó de un viaje al extranjero con una idea incómoda: producir una nueva galleta más eficiente, más limpia y más alineada con las tendencias del mercado mundial.
La nueva galleta tenía algo fascinante: podía producirse usando las mismas máquinas, el mismo personal y la misma infraestructura. Incluso generaba menos desperdicio y abría la puerta a nuevos negocios.
Había un solo detalle.
Para que el mercado realmente adoptara esa nueva galleta, había que venderla un poco más barata al inicio.
Y ahí empezó el problema.
Los tíos que administraban la fábrica se resistieron inmediatamente:
“No podemos bajar el precio”.
“Siempre hemos vendido la otra”.
“¿Y si perdemos ingresos?”.
“¿Y si no funciona?”.
El joven trató de explicarles algo básico: el descuento no era una pérdida. Era una inversión estratégica para posicionarse antes de que otros competidores entraran al mercado con productos mejores y más baratos.
Pero los tíos seguían viendo únicamente el precio de la galleta. No el futuro de la fábrica.
Aunque parezca un cuento, eso es exactamente lo que le está ocurriendo hoy a Costa Rica con la tarifa eléctrica TMT-b.
¿Qué es la TMT-b y por qué existe?
La tarifa TMT-b es un mecanismo creado para brindar condiciones tarifarias preferenciales a empresas conectadas en media tensión que demuestren altos estándares de eficiencia energética, particularmente mediante la certificación internacional ISO 50001.
Traducido al español normal: el país decidió premiar a las empresas que hacen esfuerzos reales por consumir energía de manera más eficiente.
¿La lógica? Bastante simple.
Si Costa Rica quiere mantener su modelo eléctrico sostenible, reducir emisiones y fortalecer su competitividad industrial, necesita que las empresas electrifiquen procesos y usen la energía de manera mucho más inteligente.
Y eso no ocurre por magia.
Ocurre cuando existen incentivos económicos que hagan rentable transformarse.
De hecho, el propio Plan Nacional de Descarbonización establece que la modernización del sector industrial costarricense pasa por procesos y tecnologías eléctricas, eficientes y sostenibles.
El problema es que electrificar procesos muchas veces implica mayores costos iniciales frente a combustibles tradicionales. Por eso se creó la TMT-b: para ayudar a cerrar esa brecha y acelerar la transición.
En otras palabras, Costa Rica entendió correctamente que la descarbonización no se impulsa solamente con discursos. Se impulsa alineando economía y sostenibilidad.
Entonces, ¿por qué tan pocas empresas la utilizan?
Aquí es donde el tema deja de ser técnico y empieza a parecer tragicomedia nacional.
Según datos públicos de ARESEP, más de 400 empresas ya cuentan con este beneficio tarifario. Y sí, eso demuestra que el mecanismo tiene valor real.
Pero si se estima que miles de empresas podrían potencialmente acceder a la tarifa, entonces aparece una pregunta incómoda ¿Por qué solamente unas pocas centenas lo han logrado?
La respuesta no es una sola.
Sí, obtener una certificación ISO 50001 requiere trabajo serio, disciplina técnica e inversión.
Pero además de eso, en los últimos años han aparecido barreras no oficiales que han complicado enormemente el acceso al beneficio.
Y aquí es importante decirlo claramente: no estamos hablando de rumores de pasillo.
El propio Minae, mediante el comunicado DVME-001-2026, reiteró que el Decreto Ejecutivo N.° 40509-MINAE-MTSS no establece restricciones sectoriales expresas para la aplicación de la tarifa TMT-b.
Posteriormente, Aresep indicó mediante el oficio OF-0056-IE-2026 que el descriptor tarifario vigente tampoco diferencia sectores de consumo para la aplicación de la tarifa.
Aun así, algunas empresas distribuidoras han mantenido interpretaciones restrictivas sobre quién puede o no acceder.
Y ahí es donde aparece el verdadero problema: inseguridad jurídica.
Porque ninguna empresa invierte tranquila cuando siente que las reglas cambian dependiendo de quién atienda el trámite.
La contradicción costarricense
Costa Rica pasa buena parte del tiempo hablando de descarbonización, liderazgo climático, sostenibilidad y competitividad verde.
Pero simultáneamente le pone obstáculos a una de las pocas herramientas concretas que realmente premian a las empresas que intentan hacer las cosas mejor.
Es una contradicción extraña.
El país quiere que la industria se electrifique… pero complica el acceso al incentivo económico para hacerlo.
Quiere atraer inversión… pero genera incertidumbre regulatoria.
Quiere reducir emisiones… pero dificulta el acceso al mecanismo que precisamente ayuda a financiarlas.
Lo que debería corregirse
El tema realmente no es tan complejo.
Costa Rica necesita:
- Reglas claras.
- Criterios unificados.
- Procesos transparentes
- Plazos definidos.
- Seguridad jurídica real.
La aplicación de una política pública nacional no debería depender de interpretaciones distintas entre actores del mismo sistema.
Porque mientras discutimos interpretaciones, otros países avanzan capturando inversión, fortaleciendo competitividad y reduciendo costos energéticos para su sector productivo.
Y aquí viene la parte más irónica de toda esta historia:
Costa Rica ya hizo lo más difícil.
Ya construyó una matriz eléctrica renovable impresionante.
Ya creó una política pública inteligente.
Ya diseñó el incentivo.
Ya desarrolló el mecanismo.
Lo único que falta… es dejar que funcione.
La TMT-b no es un privilegio extraño.
Es una apuesta estratégica de país.
Pero pareciera que seguimos actuando como aquella fábrica de galletas cuyos administradores se aferran tanto al producto tradicional que terminan poniendo obstáculos precisamente al producto que podría garantizarles el futuro.
Y mientras el mundo cambia, nosotros seguimos discutiendo si vale la pena vender la nueva galleta.
Aunque el mercado ya hace rato tomó la decisión.
