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¿Los güilas pa cuando?

Esto no es una historia sobre personas que renuncian a la maternidad o la paternidad, sino sobre personas a las que se les está impidiendo ejercer ese derecho por barreras económicas, sociales y sistémicas”. Natalia Kanem. Directora Ejecutiva del UNFPA 2017 a 2025.

Fácilmente una de las preguntas más molestas e irrespetuosas a las que se enfrentan los millennial y que ya alcanzó a la Generación Z. Las generaciones mayores siguen replicando el discurso de que a las personas jóvenes no nos gusta el compromiso o las responsabilidades. ¿Será? Sé que mi círculo social no es necesariamente un reflejo de la realidad nacional. Una boda cada dos meses, fotos de compromiso en las redes sociales, el grupo de amigos crece y crece cada día porque representamos la familia que a lo largo de la vida hemos escogido.

“Muy linda la fiesta y todo pero ¿cuándo piensa tener hijos?", siempre que escucho a alguien soltar tremendo balazo me vienen varias ideas de respuesta a la cabeza, unas más respetuosas que otras pero las que reinan son "¿A usted que le importa?" y “Aahh, qué bien! ¿Va a asumir la responsabilidad económica y social usted?”.

No voy a negar que si hay un alto porcentaje de amigos y amigas cercanas que, por diferentes razones, todas válidas y pensadas desde la responsabilidad, han tomado la decisión de no tener hijos.

Pero claro que las personas jóvenes hablamos del tema. He compartido tardes de café y “noches de bebidas espirituosas” con compas cuestionándonos el sueño, pero también la responsabilidad, que es el construir una familia. La cosa ya no es “jugarse el chance y que no me salgan tan mal los chiquillos”.

Donde algunos solo ven números, crisis de pensiones y demográfica, otros vemos un escenario complejo mientras nos tiran la responsabilidad a las generaciones que estamos en edad reproductiva. A ver, es cierto, es muy difícil para cualquier país sostener su economía cuando una parte importante de la población se jubila, los servicios de salud y el sistema de pensiones son exprimidos al máximo, y las personas en edad de trabajar disminuyen. Algunos señalan que es fundamental levantar la tasa de natalidad y responsabilizan a una generación completa bajo el señalamiento exclusivo de “decisiones personales”.

Muchas personas no tienen hijos debido a la precaria situación económica, la desigualdad de género, el incremento de la inseguridad y la violencia, el limitado acceso a servicios de salud y educación, los efectos de la crisis climática o la inestabilidad generada por conflictos internacionales. Somos una generación que se enfrenta al encarecimiento de la vivienda que cada vez dificulta más la emancipación de las personas jóvenes y en serio el problema “son las decisiones personales”, el “miedo al compromiso” o “que no quieren responsabilidades”. Yo creo que es muy responsable revisar el contexto en el que nos desarrollamos y querer dar condiciones de vida dignas antes de traer un ser humano al mundo o bien asumir su crianza. No hay cosa más responsable que querer garantizar la vida que se merece a la niñez.

Es fácil señalar el problema de la tasa de natalidad sin impulsar, promover o fortalecer soluciones o medidas para mitigarlo. Muchos países ya han transitado por este camino, ya hay acciones respaldadas por evidencia que han demostrado impacto real en otras latitudes. ¿Nosotros qué vamos a hacer?

Más allá de los incentivos financieros y fiscales, el fortalecimiento de las redes de cuido y los subsidios en servicios de guardería ajustados a la realidad laboral de los padres y madres de familia, comedores escolares abiertos todo el año y servicios asequibles relacionados a la primera infancia representan acciones afirmativas en esta línea.

Otro tema, que evidentemente tendrá sus opositores, pero se encuentra ampliamente documentado su impacto positivo sobre el incremento en la tasa de natalidad son las licencias parentales igualitarias y prolongadas, así como las políticas de corresponsabilidad e igualdad de género vinculadas a la crianza.

Las licencias de maternidad y paternidad extensas, remuneradas al 100% y con cuotas obligatorias para los padres favorecen la corresponsabilidad y reducen el coste profesional de tener hijos al que se enfrentan las mujeres. Un ejemplo es Alemania que introdujo en 2007 cuotas para padres, incentivando la implicación masculina y aumentando nacimientos entre mujeres formadas. Es claro que si las mujeres y hombres comparten las responsabilidades de la crianza y las mujeres no son penalizadas en el ámbito laboral cuando son madres, la decisión de la maternidad se convierte en una libre, responsable y consciente. Por otro lado, existen estudios que han demostrado que las jornadas laborales reducidas para los hombres se asocian significativamente a incrementos en la tasa de natalidad. Esta no es información novedosa o reciente, son planteamientos conocidos fácilmente desde hace más de una década.

La crisis demográfica no es un monstruo gigante que camina solo sobre Costa Rica. Voy a mencionar acá solo tres ejemplos de países que han tenido que promover acciones con urgencia para contrarrestar la baja tasa de natalidad.

En España, por ejemplo, la educación en la primera infancia ha permitido que las madres se integren al mercado laboral, lo que ha contribuido a aumentar los ingresos familiares y reducir la pobreza infantil. El Plan de Acción Estatal para la Garantía Infantil (2022-2030) propone avanzar hacia la gratuidad de la educación infantil para niños de 0 a 3 años.

Además, se ha extendido la deducción fiscal de €1.200 anuales a todas las madres que estén percibiendo una prestación por desempleo, contributiva o no y también a las que, sin reunir los requisitos previamente, coticen 30 días a partir del parto, la adopción o el acogimiento permanente. Hasta ahora esta deducción era solo para mujeres en situación de empleo a tiempo completo.

Japón ha implementado programas que otorgan sumas mensuales a hogares con hijos, además de fortalecer el acceso a la educación superior y proporcionar soluciones de vivienda adecuadas. Se planteó para el año 2025 el objetivo de incentivar que ambos padres tomen licencias de cuido infantil, aumentando la tasa del beneficio del 80 % al 100 % del salario neto cuando tanto hombres como mujeres tomen la licencia durante un período determinado inmediatamente después del nacimiento del hijo o hija.

Con el fin de permitir que los padres y madres puedan desarrollar sus carreras profesionales simultáneamente con la crianza de sus hijos, proponen un sistema mediante el cual los trabajadores puedan elegir modalidades de trabajo acordes con las necesidades tanto de los padres como de los niños. Bajo este sistema, los padres y madres de niños y niñas de tres años o más, hasta el ingreso del menor a la escuela primaria, podrán optar por modalidades laborales flexibles que incluyan jornadas reducidas, teletrabajo, horarios flexibles o licencias.

Incluso contemplan temas como, una vez más, el fortalecimiento de las redes de cuido y el transporte público que contemple las facilidades necesarias para movilizarse con personas menores.

Por su parte, Chile cuenta con el programa “Chile Crece Contigo”. Esta iniciativa combina el acceso universal a servicios como controles prenatales y subsidios para la educación de la primera infancia con apoyos focalizados e intensificados para familias vulnerables.

Contempla aspectos como el acompañamiento en salud mental en niños entre 5 años y 9 años y el Programa de Apoyo al Recién Nacido que es de cobertura universal para niños y niñas que nacen en establecimientos de la Red Pública de salud. El PARN contempla tres paquetes: el paquete de cuna corral equipada, el de cuidados básicos y estimulación; y el paquete de apego y vestuario cubriendo artículos desde ropa, pañalera, porta bebé hasta la cuna y el colchón.

La discusión sobre la baja natalidad no puede seguir reduciéndose a juicios simplistas sobre las decisiones personales de las generaciones jóvenes. Tener hijos no es únicamente un acto privado: también es una decisión profundamente condicionada por las oportunidades, las garantías y las condiciones materiales que ofrece una sociedad. Si realmente preocupa el futuro demográfico del país, entonces la conversación debe dejar de centrarse en culpar a quienes hoy dudan y empezar a enfocarse en construir un entorno donde formar una familia no implique precariedad, agotamiento o renunciar al proyecto de vida propio. La maternidad y la paternidad deben ser decisiones libres, deseadas y sostenibles, no actos de sacrificio impuestos por un sistema que luego abandona a quienes crían. Porque al final, la pregunta no es “¿los güilas pa cuándo?”, sino qué tipo de país estamos construyendo para que traer niños y niñas al mundo vuelva a sentirse posible.