Hay una trabajadora que llega siempre temprano a su trabajo. Muy temprano. Tanto, que debe esperar más o menos dos horas antes de que inicie su turno. Y espera, en la soda, tomando café o leyendo hasta que llega el momento de empezar sus labores. No se aburre, no reclama. No estorba ni molesta. No pide salir antes.
Llega temprano porque la trae el marido, que a esa hora va para el trabajo. Aprovechan para conversar y compartir ese ratito y como le queda de camino, la deja en el trabajo de ella.
Así lo ha hecho por años, hasta que hubo un cambio en la jefatura de recursos humanos y empezaron los reclamos.
Que por qué usted llega tan temprano (porque aprovecha que la traen). Que ni crea que se le van a pagar esas horas (nunca las ha reclamado). Que por qué se queda en la soda esperando (porque puede sentarse y esperar en un lugar abierto a todo el personal). Que por qué no espera en otra parte (Porque no hay dónde). Que es muy incómodo para los demás verla ahí sentada sin hacer nada (De eso no hay evidencia). Que vamos a cerrar la soda y abrirla solo para las horas de café y almuerzo para que nadie la pueda usar para otra cosa (Un poco extremo ¿no?). Que la soda no es la sala de una casa ni un centro social. (Nunca nadie ha dicho otra cosa) Que si se cae y se quiebra, el riesgo es para la empresa, aunque nunca se ha caído ni quebrado, ni ella ni nadie, en los años que lleva trabajando. (Pero para eso hay póliza de riesgos del trabajo, en el peor de los casos).
A ver: no hay normas que le impidan a un trabajador llegar muy temprano a su trabajo. Y que espere mientras se inician labores, no tiene nada de malo.
Cosa distinta sería si usa esas horas para trabajar y pretende cobrar extras o salir antes de tiempo. O si merodea por las estaciones de trabajo y de repente se pierden cosas y ella, por llegar temprano, se convierte en la principal sospechosa. Es más, no hay nada que impida que estuviera en su escritorio leyendo, escribiendo o hasta durmiendo, siempre y cuándo no sea en sus horas de trabajo.
En las relaciones laborales, ante todo, no podemos dejar de lado la humanidad. Todos estamos trabajando con seres humanos, independientemente de la jerarquía. Si a nadie afecta que la trabajadora llegue temprano, ¿cuál es el problema? ¿Por qué obligarla a usar el servicio público de transporte, con todos sus riesgos, cuando puede llegar al trabajo con su esposo? ¿Por qué espantarla de la soda como si fuera un animalito intruso si no hay riesgo? ¿Por qué imponer condiciones que incomodan a los demás por puro capricho?
Que nunca se nos olviden los principios básicos.
