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Creatividad para acercar los datos a las personas

Diseñar lenguajes visuales que conviertan la evidencia, la investigación y el conocimiento en comprensión compartida.

Vivimos rodeados de información. Nos llega de todas partes y en cantidades que no alcanzamos a procesar, leer, corroborar ni recordar al día siguiente. Nunca había sido tan fácil acceder a datos sobre casi cualquier aspecto de la vida pública y, al mismo tiempo, nunca había sido tan difícil comprenderlos. Quizá el problema no sea la falta de datos, sino la distancia que existe entre el conocimiento y las personas.

Pocas veces pensamos en el diseño cuando abrimos un informe, vemos un gráfico o recorremos un mapa. Sin embargo, detrás de cada una de esas piezas hubo alguien que tomó decisiones: qué mostrar, qué dejar afuera, cómo ordenar la información, qué ritmo darle a la lectura o hacia dónde dirigir la mirada. Ninguna de esas decisiones es neutral, pues todas influyen en la manera en que entendemos el mundo.

Si queremos que la información sirva para comprender, participar o tomar mejores decisiones, no basta con producir evidencia. También hace falta pensar en cómo llega a las personas. Ese es, precisamente, el espacio donde la creatividad y el diseño adquieren un papel fundamental.

Nadie se detiene en lo que no le dice nada

Una cifra, por sí sola, no cuenta nada. Necesita contexto, estructura y una forma que permita apropiarse de ella.

Pensemos en la desigualdad: un fenómeno real, medible y urgente. Sin embargo, una tabla con coeficientes de Gini no les dice mucho a la mayoría de las personas. No porque sean incapaces de entenderla, sino porque ese formato no fue pensado para ellas. Fue concebido para especialistas y para informes que circulan entre quienes ya comparten el mismo lenguaje. La mayoría termina quedándose con un titular: "Costa Rica es uno de los países más desiguales del mundo". Ahí suele terminar la conversación.

Con frecuencia, la información queda atrapada entre dos extremos: documentos técnicos dirigidos a quienes ya dominan ese lenguaje o titulares que reducen problemas complejos a una sola frase. Sin proponérnoslo, terminamos diseñando para quienes ya entendían, en lugar de construir puentes hacia quienes todavía necesitan comprender.

La creatividad como herramienta

Existe la idea de que la creatividad aparece cuando el trabajo ya terminó, como si fuera la capa de pintura que se aplica al final para hacer una presentación más atractiva. Pero ocurre exactamente al revés. La creatividad comienza mucho antes: cuando intentamos descubrir cuál es la mejor manera de explicar algo complejo sin traicionar su complejidad; cuando buscamos patrones donde antes solo había cifras; cuando encontramos una estructura capaz de ordenar cientos de datos sin perder de vista a las personas que hay detrás.

Diseñar es un ejercicio creativo porque obliga a traducir. No basta con representar datos; hace falta interpretar relaciones, descubrir narrativas y construir un lenguaje visual que permita recorrer una idea sin sentirse expulsado por ella. La creatividad no reemplaza el rigor. Es la herramienta que permite que el rigor encuentre a las personas.

El diseño de la información, donde la creatividad toma forma

En nuestro ámbito, la creatividad encuentra una expresión concreta en el diseño de la información, una disciplina que transforma datos, investigaciones y evidencia en lenguajes visuales capaces de acercar el conocimiento a más personas. Su propósito no es simplificar la realidad hasta volverla superficial, sino hacerla comprensible sin perder su complejidad.

Eso implica tomar decisiones constantemente: elegir qué merece ocupar el centro de la atención, qué comparación ayuda a explicar mejor un fenómeno o cuándo un mapa comunica más que una tabla. Significa pensar cómo recorrerá alguien una página, dónde comenzará a mirar, qué conexiones descubrirá y qué preguntas podrían surgir después. Diseñar información es, en esencia, un ejercicio de traducción y empatía.

Cuando ese trabajo se hace bien, una visualización deja de ser un gráfico para convertirse en una experiencia de comprensión. Hace visibles relaciones que antes parecían dispersas, organiza información que parecía inabarcable y permite que más personas se apropien de conocimientos que antes estaban reservados para unos pocos.

La creatividad no consiste en hacer que los datos parezcan una obra de arte. Consiste en encontrar la forma que mejor permita comprenderlos. Porque la belleza, cuando está al servicio de la comprensión, también cumple una función pública.

Diseñar puentes

Cada visualización, mapa, publicación, diagrama o herramienta representa un mismo ejercicio de traducción: tomar información compleja, proveniente de investigaciones, procesos participativos o evidencia, y convertirla en algo que las personas puedan recorrer, comprender y utilizar. Al final, las soluciones que diseñamos para organizaciones, empresas, gobiernos o comunidades siempre terminan encontrándose con personas. Es en ese encuentro donde el diseño demuestra su verdadero valor.

Los problemas públicos seguirán siendo complejos. Ningún gráfico resolverá por sí solo la desigualdad, la crisis climática o los desafíos de nuestras democracias. Pero una visualización bien pensada puede hacer algo igualmente importante: abrir una conversación, generar nuevas preguntas o permitir que una decisión se tome con mayor comprensión. Puede acercar una investigación a una comunidad, facilitar un proceso de participación o ayudar a que una política pública deje de ser un documento técnico para convertirse en una realidad comprensible.

Solemos decir que la creatividad transforma ideas. Tal vez esa definición se queda corta. En el diseño cívico, la creatividad transforma algo mucho más valioso: la distancia. Acorta el espacio que separa los datos de las personas, la evidencia de las decisiones y la información de la participación.

Porque la creatividad no transforma datos. Diseña puentes entre el conocimiento y las personas. Y, cuando esos puentes existen, comprender deja de ser un privilegio para convertirse en una posibilidad compartida.