La vida puede estar compuesta de fragmentos. Algunas lo están. Otras, por el contrario, son muy concretas y compactas: vida empresarial, éxito, vacaciones de verano. Pero las vidas “en collage”, las fragmentadas, están más desestructuradas: carrera artística, vida bohemia, comida al aire libre.
La vida de Drama es así. El nombre no le llegó casualmente, porque sí, su nombre es Drama. Podría también ser “Lady Sakura”, como un nom de guerre… que tampoco es que sea un seudónimo muy estructurado. Drama es una artista. Vive la vida en “modo deconstrucción”, y no hay algoritmo que pueda encadenarla.
En un momento histórico dominado por las máquinas, tener espacio para un detox digital es siempre una buena idea. Tomar una fotografía en el parque, hacer un collage en la sala, escribir una poesía en la parada del bus. Pero no todo es simple en la vida.
Lady Sakura es una película sobre adioses, sobre el proceso de cerrar y abrir. Y, como todos los cambios en la vida, nace la pregunta, cerrar y abrir, ¿qué? Además de ¿con cuál propósito? Solo por mencionar dos de las muchas dudas que nacen con los cambios.
Este es el cuarto largometraje del español Alex Sereno; para alguien de menos de 40 años, más de una decena de cortos y películas es, claramente, todo un arsenal de manifiesto.
Acá, Drama debe enfrentar un nuevo capítulo de su vida ahora que enfrenta la soledad. Su compañera de casa se muda, así que es una historia que nos habla de aprender sobre las despedidas y a aceptar el cambio, pero también de sentirse fuera de lugar.
Los gustos cinematográficos de Drama están plasmados en sus posters de pared: Frances Ha, Lady bird, Night on Earth. Puro cine de autor, cien por ciento “niche”. Persona muy particular, la que tiene posters en la era del downscroll. Pero ella es así: es fotógrafa, hace collage; y cuando se muda la compañera se queda sola, acompañada únicamente por las imágenes pegadas en sus paredes.
Pero bueno, ¿es esto una partida o es un abandono? Todo depende del encuadre. Sí, encuadre, como en el cine. Porque en Lady Sakura tenemos una película dentro de una película. Metaficción o metacine, que le llaman.
Alex Sereno nos describe la historia contada desde la visión de un narrador que se sabe cuentista, como en las notas que abren cada capítulo del filme, que son en realidad las indicaciones de un guion:
Drama tiene 26 años. Encadena trabajos precarios y varias relaciones condenadas al fracaso. Drama es fotógrafa y sueña con una beca que le permita demostrar su talento.”
O cuando el mismo personaje interviene en la historia. Así, nos dice Drama:
Me encanta hacer collage. A veces mi vida es un poco uno. Llena de momentos, personas y elementos que no sé bien cómo encajar, pero que me funcionan así. Quizá la vida sea eso. Quizá esta película también sea un poco eso.”
Y tiene razón, la película es, justamente, un collage de partidas, desprendimientos, adultez sin libreto y madurez que te toma por sorpresa. A veces, con la vida, pasa eso; no se sabe por dónde empieza o cómo debería terminar. No se sabe siquiera si está “correcta”, pero ahí vamos.
Algunas partidas ocurren como quien mira de reojo, no se sienten ni se lloran. Otras entran como el trueno en la noche y rompen todo a su paso. En esas no queda más remedio que amarrarse el corazón, contener las lágrimas y seguir adelante, tratando de disfrutar el viaje.
