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San José debate si ordenar la noche… o apagar la música

La ciudad que queremos

— Buenos días Costa Rica. Cerramos la semana con un tema que, a juzgar por el ruido —precisamente—, tiene a media capital hablando: el nuevo Reglamento de Espectáculos Públicos que impulsa la Municipalidad de San José y que encendió las alarmas de bares, restaurantes, artistas, músicos, DJs, productores de eventos y hasta cámaras empresariales.

— El asunto, en sencillo, es este: el Concejo Municipal de San José aprobó en primera votación un proyecto de reglamento para (para ponerlo en “fácil”) ordenar los espectáculos públicos en el cantón. El texto todavía no está en firme: debe volver al Concejo, superar el trámite correspondiente y pasar por consulta pública. Pero ese primer paso el martes pasado ya alcanzó para desatar el incendio.

— ¿Por qué? Porque, tal como está redactado, el reglamento introduce una serie de restricciones sensibles para bares, cantinas, tabernas y restaurantes que ofrecen música en vivo, DJ, karaoke, actividades culturales o presentaciones artísticas. Por ejemplo, el texto limita los espectáculos públicos después de las 10:00 p.m. para varias categorías de licencia y, además, impide la actividad bailable en restaurantes salvo que la patente o licencia correspondiente lo autorice expresamente.

— Traducido al idioma de la calle: no necesariamente se cierra el negocio a las 10:00 p.m., pero sí se apaga aquello que muchas veces lo hace viable: la música, el DJ, la presentación artística, el karaoke o el ambiente que convoca público. El local puede seguir abierto, sí, pero la noche pierde buena parte de lo que la hace noche. Y si además el texto no define con suficiente claridad qué se entenderá por “actividad bailable”, el resultado práctico puede ser absurdo: un restaurante autorizado para tener música en vivo, pero obligado a impedir que sus clientes bailen si no quiere exponerse a una sanción.

— La pregunta, entonces, cae por su propio peso: ¿qué se supone que haga el restaurante si una pareja se levanta a bailar porque está sonando una banda? ¿Mandar al salonero a detener el crimen cultural en flagrancia?

— No estoy jodiendo. Según el texto en discusión el incumplimiento podría dar pie a clausuras cautelares de 24 horas. Y ahí la preocupación deja de ser anécdota: una cosa es ordenar actividades comerciales y otra muy distinta es abrir un amplio margen de incertidumbre que permita sancionar o clausurar negocios por interpretaciones amplias, ambiguas o poco uniformes.

— La muni sostiene que el objetivo no es restringir la actividad comercial, sino ordenar lo que ya existe. El funcionario municipal Roy Allan Jiménez, de la Gerencia de Gestión Municipal indicó que la propuesta busca que comercios patentados obtengan su licencia y se pongan a derecho. También señaló que la administración municipal ha detectado “discotecas disfrazadas de bares” en zonas residenciales, con afectación directa a vecinos.

— Diay, sí hombre: desde hace décadas. Y no son pocos. Avisarles de golpe que a las 10 se para la música y que nadie puede bailar obviamente va a generar una reacción en cadena tan particular como la que vimos ayer. La Sala Constitucional puede quedar a las puertas de un cierre técnico que nadie pestañea. La junta directiva de la Caja puede pasar semanas sin sesionar que ningún café se enfría. Pero quítele a usted a la gente el chisme de los divorcios en el Registro Civil o el derecho a pegarse una bailada con un par de birras y alístese para ver las redes explotar.

— Diay, voy a ver el vaso medio lleno: todavía tenemos capacidad de reaccionar por algo.

— Como sea, el punto de fondo merece tomarse en serio. San José sí necesita reglas. Toda ciudad necesita reglas. Las necesita por ruido, por seguridad, por convivencia vecinal, por uso de suelo, por horarios, por fiscalización y por respeto a quienes viven cerca de zonas comerciales. Nadie está diciendo que la capital deba convertirse en la pachanga sin controles soñada por el alcalde de Garabito ni que los vecinos tengan que resignarse a no dormir porque algún negocio decidió operar como discoteca encubierta bajo otra patente.

— Pero una cosa es regular y otra muuuuuy distinta es redactar desde el miedo a la noche. Hay ciertas frases en ese reglamento que no están muy lejos de Luis Fishman como ministro de Seguridad persiguiendo a adolescentes con camisetas negras allá por el 92. Digo, en pleno 2026 ¿seguimos hablando de “buenas costumbres”?

— Ahí es donde el reglamento empieza a hacer agua. El sector afectado reclama que no fue consultado antes de la primera votación. Asobarest, Cacore, productores y representantes de la industria cultural han insistido en que se enteraron del texto cuando ya había sido aprobado en primera votación por el Concejo. Y aunque la municipalidad recuerda que el texto pasará por consulta pública, el reclamo de fondo se sostiene: una norma sobre bares, restaurantes, música, baile, artistas, horarios, terrazas, licencias y clausuras no debería construirse primero en una oficina y socializarse después del incendio.

— La consulta pública es importante, sí. Pero no debería funcionar como curita procedimental para una conversación que debió incluir desde el inicio a quienes van a tener que cumplir, aplicar, financiar y vivir las consecuencias del reglamento. Digo, es sentido común.

— El alcalde Diego Miranda salió ayer a defender el proceso y recordó que el texto todavía puede modificarse. Es cierto. También es cierto que pueden decir “gracias pero no gracias” a los comentarios que reciba la consulta pública. Pero, a juzgar por el escándalo que esto ha levantado (hasta diputados oficialistas se sumaron a los reclamos) podemos creerle al alcalde cuando dice que está dispuesto a revisar zonas y horarios.

— Diay, bien por ahí, porque esa parece ser precisamente la salida razonable: San José no es una sola cosa. No se regula igual una zona residencial pura que una zona mixta, un corredor gastronómico, un barrio cultural o un sector con problemas reiterados de ruido, desorden y seguridad.

Barrio Escalante, Amón, Aranjuez, sectores alrededor de La Sabana, el centro josefino o La California no son realidades idénticas. En algunos puntos el problema vecinal es evidente y debe atenderse. En otros, la actividad cultural y nocturna formal es precisamente lo que mantiene viva la zona, atrae público, genera empleo y evita que la ciudad se apague temprano.

— El propio reglamento también se apoya en límites de sonido diferenciados por zona y horario. Eso confirma que el ruido es parte real del problema, sobre todo en barrios donde conviven casas, apartamentos, restaurantes y bares. Pero ahí aparece otra pregunta práctica: si la municipalidad cuenta apenas con un sonómetro para fiscalizar establecimientos, ¿cómo se garantizará una aplicación objetiva, constante y no discrecional del reglamento?

— Porque ese es uno de los grandes riesgos: que una norma presentada como herramienta de orden termine descansando en criterios demasiado abiertos o ya de plano arbitrarios y de antojadiza aplicación. El anexo técnico presentado por el sector en su reclamo cuestiona con todo el derecho el uso de conceptos como “moral”, “oportunidad”, “conveniencia” e “interés público” sin definiciones suficientes. También advierte sobre criterios amplios para determinar cuándo una actividad “desnaturaliza” la licencia del establecimiento.

— Diay: llevan razón. Cuando una norma deja al comerciante, al artista, al vecino y al inspector adivinando qué se puede y qué no se puede hacer, la inseguridad jurídica se vuelve parte del problema. Peor todavía: se abre la puerta para que la aplicación dependa más del criterio del funcionario de turno que de reglas claras, medibles y verificables. Y todos sabemos cómo termina eso...

— La defensa municipal se ha concentrado mucho en los casos más graves: establecimientos que, bajo una licencia comercial, operarían como discotecas encubiertas o estarían vinculados con desorden, balaceras, venta de drogas o afectación directa a vecinos. Ese problema existe y repito, hay que atenderlo. Pero de ahí al “justos por pecadores” hay cuatro pueblos de distancia.

— Una norma bien hecha no puede construirse como si todo bar, restaurante con música, karaoke, DJ o presentación artística fuera sospechoso por defecto. Si hay negocios que incumplen, se fiscalizan. Si hay delitos, se denuncian. Si hay ruido excesivo, se mide y se sanciona. Lo que no tiene sentido es redactar un reglamento tan amplio que, para perseguir al infractor real, termine poniendo contra la pared a todo el sector formal.

— Y ese sector formal no es un cromo. No estamos hablando únicamente del dueño de un bar defendiendo la venta de tragos. Estamos hablando de músicos, DJs, productores, técnicos de sonido, meseros, bartenders, cocineros, cajeros, personal de seguridad, proveedores, artistas independientes y pequeñas empresas que dependen de una economía nocturna que todavía hoy arrastra cicatrices de la pandemia.

La industria cultural y creativa no vive del aire. Vive de escenarios, fechas, público, espacios, circuitos y oportunidades. Para muchos artistas nacionales, tocar en bares, restaurantes o salones no es un pasatiempo: es su trabajo. Y cuando se restringen esos espacios sin una discusión fina, el golpe no cae solo sobre el entretenimiento; cae sobre empleo, cultura, turismo, seguridad urbana y economía local.

— Recordemos por favor que una mala regulación puede producir exactamente lo contrario de lo que busca. Si operar formalmente se vuelve demasiado rígido, caro, incierto o riesgoso, parte de la actividad se moverá a la informalidad. Y una fiesta clandestina, un evento improvisado o un local que decide operar por debajo del radar es mucho más difícil de fiscalizar que un comercio formal, patentado, visible y obligado a cumplir reglas claras.

— Por eso me permito sugerir bajar el volumen retórico y subir la calidad de la conversación. La municipalidad tiene razón en que hay que ordenar. Los vecinos tienen razón en exigir descanso, seguridad y respeto. Los comercios tienen razón en pedir reglas proporcionales. Los artistas tienen razón en defender sus espacios de trabajo. Y la ciudad tiene derecho a no quedar atrapada entre dos absurdos: ni la capital convertida en una discoteca a cielo abierto sin controles, ni San José domesticada hasta quedar a punta de velas a las 10:00 p.m.

— La salida no es tan misteriosa: abrir una mesa real con vecinos, comercios, cámaras, artistas, productores, regidores, alcaldía, Ministerio de Salud y especialistas en ruido, uso de suelo y gestión urbana. Diferenciar zonas. Definir parámetros objetivos. Fortalecer fiscalización. Medir ruido con instrumentos suficientes. Distinguir entre actividad cultural, restaurante con ambiente, bar, salón de baile, discoteca encubierta y negocio problemático. Y, sobre todo, redactar una norma que se pueda cumplir, fiscalizar y defender jurídicamente.

— San José no necesita escoger entre dormir o vivir. Necesita aprender a hacer ambas cosas. Una capital sin música, sin cultura nocturna, sin restaurantes vivos, sin artistas tocando, sin gente caminando, sin espacios formales para encontrarse y sin actividad después de oficina no se vuelve automáticamente más ordenada. Muchas veces se vuelve más triste, más informal y sí, más insegura.

— Chepe puede (y debe) permitirse ser vibrante y colorida sin que eso implique ignorar a sus vecinos, tolerar ruido excesivo, permitir patentes maquilladas y renunciar a una sana fiscalización. ¿Por qué nos cuesta tanto el sentido común? Seguimos buscando soluciones mágicas a la carrera que una y otra vez nos dejan sin chicha y sin limonada.

— San José debería abordarse (¿al fin?) a partir de una conversación de altura, integral, sensata, y sí, moderna. Pero aquí estamos, discutiendo si se puede bailar o no cuando suena una canción y si una guitarra después de las 10 amenaza la moral pública.

— La discusión de fondo es qué tipo de capital queremos construir: una ciudad viva, ordenada y habitable, o una ciudad que cada cierto tiempo intenta resolver sus problemas apagando la música, renombrando sus calles y asfaltando sus huecos.

— Ojalá el Concejo Municipal aproveche el escándalo de estos días para hacer lo que debió hacerse desde el principio: sentar a todo el mundo, corregir el texto y construir reglas inteligentes. Ojo ahí: esta crisis, bien manejada, podría terminar siendo lo mejor que le ha pasado a esta discusión. Ojalá la aprovechen.

Bonus track: Piden frenar exportación de tiburón zorro por nueva protección internacional.

Hidden track: Jefe regional del OIJ alerta sobre condiciones de personas Ngäbe-Buglé en Los Santos.

Remix:  Contraloría deja en firme adjudicación de red 5G a Ericsson, pero anula partidas de backhaul.

Reporte Internacional

México denunciará muertes de migrantes ante cortes de Estados Unidos

El Gobierno de México anunció que presentará denuncias penales en Estados Unidos por la muerte de 17 mexicanos bajo custodia o durante operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), en un nuevo escalamiento de sus reclamos frente a la política migratoria de la administración de Donald Trump. Asimismo, la Fiscalía de Ecuador solicitó una condena de seis años y seis meses de cárcel contra el expresidente Lenín Moreno, en el juicio que enfrenta por el presunto delito de cohecho relacionado con la construcción de la central hidroeléctrica Coca Codo Sinclair, una de las obras de infraestructura más grandes del país. Por último, la presidenta electa de Perú, Keiko Fujimori, expresó su intención de retomar las relaciones diplomáticas con México, luego de que la mandataria mexicana, Claudia Sheinbaum, dijera que aún no la había llamado para felicitarla por su victoria electoral.

Los detalles en el Reporte Internacional.

La Jornada

Relevo femenino le da oro panamericano juvenil a Costa Rica

El relevo femenino costarricense de 16-18 años conquistó la medalla de oro en la prueba de 4x100 metros libre del Panam Aquatics Swimming Championships Ibagué 2026. Además, UNICEF Costa Rica lanzó la campaña “Un gol por la infancia”, una iniciativa que busca movilizar recursos para proteger a niñas, niños y adolescentes frente a la violencia, el abuso, el acoso y los riesgos que enfrentan en entornos digitales.

Los detalles en La Jornada.

Botonetas

Sostenibilidad: El Programa Regional para la Conservación de las Tortugas Marinas del Pacífico Sudeste 2007–2030, busca fortalecer la coordinación entre países para enfrentar amenazas que afectan a estas especies a lo largo de sus rutas migratorias.

Gastronomía: La cultura, la gastronomía y el cine de Corea del Sur llegarán a Barrio Escalante del 9 al 19 de julio con una nueva edición del Korea Story Festival, una iniciativa organizada por Distrito G y la Embajada de la República de Corea en Costa Rica que busca acercar a la población a distintas expresiones del estilo de vida coreano mediante una agenda de actividades gastronómicas y culturales.

Música: La artista y empresaria sancarleña Stephanie Villegas presentó Respira Pura Vida, una producción musical inspirada en la naturaleza, la cultura y la filosofía de vida que identifica a Costa Rica, con el propósito de promover la reflexión sobre la importancia de la conexión con el entorno y el bienestar personal.

Exposición: La artista costarricense Magda Córdoba Suárez inauguró este miércoles 9 de julio la exposición Ciclos en la Galería Siegfried Schosinsky del Banco de Costa Rica (BCR), una muestra integrada por 23 obras que exploran las vivencias humanas desde una perspectiva emocional y simbólica.

Convocatoria: La organización Aliarse, junto con el Sistema de Banca para el Desarrollo (SBD), tiene abierta la convocatoria al programa MIPYMES360°, una iniciativa que ofrece capital semilla no reembolsable del SBD y busca ampliar oportunidades e impulsar el negocio de mujeres líderes de diversas zonas del país.

Biodiversidad: El Reto Ríos Biodiversos 2026 abrió su tercera edición invitando a la ciudadanía para que registre plantas, animales, hongos y otros organismos mediante la plataforma iNaturalist, conocida en Costa Rica como NaturalistaCR.