Referencia del BCCR

Tipo de cambio

Compra

₡...

Venta

₡...

Presentado por
Logo Coopealianza
Imagen principal del artículo: Costa Rica emprende más. El desafío ahora es ayudar a que esas empresas crezcan

Costa Rica emprende más. El desafío ahora es ayudar a que esas empresas crezcan

En los programas de emprendimiento solemos celebrar el inicio: la idea que se transforma en un modelo de negocio, la primera venta, el capital semilla. Es una etapa que, en Costa Rica, sabemos acompañar muy bien.

La etapa más difícil llega después. La persona ya vende, tiene clientes y sabe que su producto tiene mercado, pero ahora necesita crédito para crecer, contratar a alguien fuera de la familia, ordenar sus finanzas o exportar. Quienes hemos trabajado en incubadoras conocemos bien ese momento, ya que muchas veces coincide con el día en que el programa termina.

Dos estudios recientes permiten analizar esa etapa con datos, cada uno desde una perspectiva diferente.

Lo que dice el GEM

El Informe Nacional GEM Costa Rica 2025-2026, elaborado por la Cámara de Industrias de Costa Rica y la Universidad de Costa Rica, con el apoyo del Sistema de Banca para el Desarrollo, encuesta a la población adulta y consulta a personas expertas sobre las condiciones para emprender. Su dato más destacado es el aumento de la actividad emprendedora temprana (TEA), que pasó del 5,1% en 2024 al 13,9% en 2025, casi triplicándose. Los negocios establecidos también aumentaron, del 2% al 6,3%.

La interpretación optimista se detiene ahí. El propio informe aclara que el aumento se debe principalmente a emprendimientos nacientes, con menos de tres meses de operación —que pasaron del 3% al 9,1%—, y que la consolidación sigue siendo difícil. En el mismo período, un 6% de la población adulta cerró o traspasó un negocio, y la razón más citada fue la falta de rentabilidad (33,8%). Además, el 83% de quienes emprenden en etapa temprana afirma hacerlo para ganarse la vida ante la escasez de empleo.

El entorno tampoco ayuda. El Índice de Contexto Emprendedor Nacional (NECI) otorgó al país 3,8 puntos, ubicándonos en el puesto 50 de 53 economías; un año antes, estábamos en el 43. El informe atribuye la brecha entre las etapas inicial y consolidada a déficits en financiamiento, eficiencia regulatoria, acceso a mercados y desarrollo de habilidades, y no a la falta de ambición de la población.

Lo que revela el estudio sobre incubación y aceleración

El otro estudio, titulado Ecosistema de Incubación y Aceleración en Costa Rica 2025, fue elaborado por ANDE y la Fundación CRUSA, con el apoyo de BID Lab y la Promotora Costarricense de Innovación e Investigación. Este estudio no se enfoca en los emprendedores, sino en quienes los apoyan: 17 incubadoras, aceleradoras, universidades, fundaciones y otras organizaciones que participaron de forma voluntaria.

Lo que se describe es una pirámide. Cerca del 80% de las organizaciones concentra su apoyo en la ideación y el prototipado, y solo tres de las 17 reportan acciones de internacionalización. El financiamiento sigue el mismo patrón: el 67% de los programas opera principalmente con fondos no reembolsables y el 36% otorga entre 10.000 y 20.000 dólares por emprendimiento, mientras que la brecha de capital que señala el estudio, según datos del BID, oscila entre 30.000 y 250.000 dólares.

Hay un dato que me parece aún más revelador: solo el 27% de las organizaciones realiza un seguimiento sistemático a los emprendimientos después de finalizar el programa. Sabemos cuántas personas ingresan a una incubadora o reciben capital semilla, pero casi nunca sabemos si la empresa seguía operando dos años después, si aumentó sus ventas o si contrató personal.

Un vacío en el centro

El estudio realizado por ANDE y CRUSA identifica claramente lo que ocurre en esta etapa: un «vacío en el segmento intermedio». Los emprendimientos que ya han validado su modelo y cuentan con las primeras ventas no encuentran programas adecuados para sus necesidades; las incubadoras los consideran «graduados», mientras que las aceleradoras y los fondos de inversión los perciben como «demasiado tempranos». En inglés, a este vacío se le denomina comúnmente missing middle.

Ese vacío podría ayudar a explicar por qué el auge del emprendimiento temprano no se traduce en una proporción similar de empresas consolidadas. No es solo una opinión personal: el mismo GEM, citando un estudio de BID Lab de 2024, reconoce que el apoyo en el país se concentra en la ideación y validación, y que esa estructura piramidal limita la transición de emprendimientos tempranos hacia empresas consolidadas.

Ahora bien, conviene no sobreinterpretar los datos. Los dos estudios emplean metodologías diferentes: el GEM realiza encuestas a la población adulta y a expertos, mientras que el estudio de ANDE y CRUSA caracteriza a un grupo de organizaciones que decidieron participar. Ninguno de los dos valida lo que muestra el otro, pero, leídos en conjunto, apuntan en la misma dirección.

Medir lo que ocurre después

Nada de esto implica dejar de apoyar a quienes están comenzando. La formación, la incubación y el capital semilla siguen siendo necesarios, especialmente en un país donde tantas personas emprenden por necesidad.

Lo que falta es lo que viene después: financiamiento diferenciado según la etapa del negocio, que es una de las recomendaciones del propio GEM; acompañamiento más prolongado o especializado; preparación real para la inversión y acceso a mercados, incluidos los internacionales.

El verdadero reto no parece estar únicamente en lograr que más personas emprendan; en Costa Rica ya estamos avanzando en esa dirección.

El siguiente paso es construir mejores puentes para que una mayor cantidad de esos emprendimientos pueda sobrevivir, consolidarse y crecer.