Cuando se habla de riesgos en una empresa agropecuaria, es común pensar primero en enfermedades, plagas, problemas de suelo, inundaciones o variaciones en el rendimiento. Sin embargo, sus efectos van más allá del campo: pueden reducir la productividad y, por ende, los ingresos; incrementar los costos operativos; afectar la valoración o recuperabilidad de las inversiones en activos; y generar desviaciones en los resultados de la entidad respecto de los presupuestos aprobados por la alta dirección.
En el sector agropecuario, donde una parte importante del negocio depende de activos biológicos cuya condición y productividad cambian con el tiempo, comprender los riesgos requiere mirar más allá de los estados financieros. Una plantación, por ejemplo, atraviesa distintas etapas productivas y está expuesta a factores que pueden afectar su desarrollo, rendimiento y valor. En una operación pecuaria ocurre algo similar: variables como los niveles de producción, la mortalidad y las condiciones de manejo pueden incidir tanto en el desempeño operativo como en los resultados financieros de la entidad.
En el campo
Una revisión en campo permite contrastar la información registrada por la compañía con la realidad de sus operaciones. Validar la extensión del área cultivada, el tipo y la edad del cultivo, así como sus condiciones productivas, aporta elementos relevantes para evaluar su comportamiento y los posibles efectos sobre la valoración de los activos. Asimismo, permite comprender si el rendimiento esperado es consistente con las condiciones observadas y anticipar posibles efectos en los ingresos, costos y resultados de la entidad.
Una diferencia aparentemente sencilla puede tener consecuencias importantes. Si una empresa reporta una determinada cantidad de hectáreas y durante la revisión se identifica una superficie distinta, es necesario analizar su origen y alcance, ya que el área cultivada incide directamente en las estimaciones de producción, los rendimientos esperados y determinados cálculos financieros. Esta diferencia podría afectar la valoración de los activos, las proyecciones de ingresos, los costos asociados y, en consecuencia, los resultados de la entidad.
La tecnología también está transformando la forma en que hacemos el trabajo. Las imágenes satelitales permiten monitorear la evolución de los cultivos e identificar variaciones en su estado, mientras que los drones aportan información detallada sobre terrenos, áreas específicas y determinados activos. Estas herramientas complementan las visitas de campo, amplían el alcance del análisis y permiten contrastar una misma realidad mediante distintas fuentes de información.
Sin embargo, la tecnología no sustituye el conocimiento especializado. Interpretar adecuadamente lo que ocurre en una plantación o en una operación pecuaria requiere comprender las particularidades de cada actividad, evaluar la información obtenida en su contexto y determinar cómo los hallazgos pueden incidir en la valoración de los activos, el desempeño operativo y los estados financieros.
Gestionar los riesgos agropecuarios implica reconocer que lo que ocurre en el campo también forma parte de la realidad financiera del negocio. Integrar ambas perspectivas permite anticipar posibles impactos, tomar decisiones con una visión más completa y gestionar las operaciones con mayor conocimiento y certidumbre.
