Tras 33 años de trabajo, Kattia Herrera, directora del Hogar El Buen Samaritano, explica cómo ha cambiado la población en situación de calle, los desafíos que enfrentan quienes requieren atención integral y las expectativas ante la nueva estrategia interinstitucional anunciada por el Gobierno.
Hace 33 años, el Hogar El Buen Samaritano comenzó atendiendo a 13 hombres por noche. Les ofrecía un lugar para bañarse, cambiarse de ropa, cenar, recibir terapia, dormir y desayunar antes de salir nuevamente a la calle. Hoy, la realidad que enfrenta la organización es muy distinta.
El Hogar, ubicado en Alajuela, atiende a personas en situación de calle con perfiles cada vez más diversos y necesidades que, en muchos casos, involucran simultáneamente salud, consumo problemático de sustancias, discapacidad, vejez, salud mental, pobreza y ausencia de redes familiares.
Desde 1993, el Hogar El Buen Samaritano atiende a personas que enfrentan varias de estas condiciones al mismo tiempo, en casos que no siempre encuentran una respuesta integral por parte de los entes responsables de cada área.
Kattia Herrera Rivas, directora de la organización, ha vivido esa transformación desde dentro. El Hogar fue fundado el 2 de agosto de 1993 por un grupo de jóvenes misioneros de la Iglesia Católica conocido como “Prisma”. Unos tres años después se constituyó legalmente como asociación de bienestar social.
Durante sus primeros siete años funcionó prácticamente solo con voluntariado. Con el tiempo incorporó personal remunerado y fue ampliando sus servicios conforme las características de las personas que llegaban también cambiaban.
La organización celebra este año 33 años de trabajo mientras el país intenta construir una nueva respuesta institucional frente a una problemática que, según los datos presentados por el Gobierno en agosto, alcanza a 7.132 personas en Costa Rica, de las cuales 3.590 se encuentran en San José.
Foto: Cortesía del Hogar El Buen Samaritano.
De 13 hombres a una población mucho más diversa
Cuando el Hogar abrió sus puertas, la población que recibía estaba compuesta principalmente por hombres de entre 45 y 50 años y predominaba el consumo problemático de alcohol. Con los años, el perfil cambió.
Herrera describe actualmente una población en la que también hay mujeres, personas más jóvenes, adultos mayores y personas con problemas relacionados con el consumo de crack, marihuana y otras sustancias. También han aumentado los casos relacionados con trastornos mentales, discapacidad y padecimientos físicos complejos.
Después de la pandemia, además, comenzaron a llegar personas que habían permanecido en situación de calle luego de perder su empleo.
El cambio también transformó la manera de trabajar. El Hogar está autorizado para atender a 35 personas, pero la demanda y la complejidad de los casos han hecho que la organización deba responder a situaciones que requieren mucho más que alimentación y alojamiento.
Algunas personas necesitan ayuda para bañarse, vestirse o movilizarse. Otras llegan sin documentos, sin información clara sobre su familia y sin seguimiento médico reciente.
Por eso, explica Herrera, una parte importante del trabajo consiste en reconstruir la historia de cada persona prácticamente desde cero.
La “caja de pandora” que aparece al conocer cada historia
El ingreso al Hogar puede producirse de diferentes maneras. Algunas personas llegan por los servicios de alimentación que la organización brinda de lunes a viernes a quienes todavía permanecen en situación de calle. Otras son referidas por hospitales u organizaciones sociales.
También existen casos en los que la persona no puede trasladarse por sus propios medios y el Hogar debe buscar la manera de llevarla hasta sus instalaciones.
Una vez que la persona ingresa, comienza una etapa de valoración que Herrera describe como una “caja de pandora”.
Es entonces cuando aparecen detalles que no necesariamente eran conocidos al momento de la referencia: años en situación de calle, enfermedades, consumo problemático de sustancias psicoactivas, ausencia de documentos, vínculos familiares rotos o necesidades de apoyo para actividades cotidianas.
El personal realiza valoraciones de enfermería, trabajo social, psicología y fisioterapia, según las necesidades de cada caso.
Foto: Tomada de la página web del Hogar El Buen Samaritano.
También se gestionan documentos de identidad, atención médica, seguro de salud y otras ayudas. Cuando se trata de personas extranjeras sin documentación, los trámites pueden ser todavía más complejos.
Según explica Herrera, el acompañamiento incluye aspectos básicos que, después de años en calle, pueden haberse perdido, como los hábitos de higiene, la convivencia y la organización de la vida cotidiana.
En algunos casos, el personal debe empezar por ayudar con el baño, el cambio de ropa, el corte de uñas o cabello y la atención de heridas.
“Armar un rompecabezas”, es la expresión que Herrera utiliza para describir parte de ese proceso.
El objetivo no es únicamente que una persona tenga un lugar donde dormir. El Hogar también procura que quienes tienen condiciones para avanzar hacia la autonomía puedan estudiar, capacitarse o incorporarse al trabajo.
Para ello han recurrido a instituciones como el INA, IPEC y centros educativos, además de coordinar con oficinas municipales de empleabilidad.
Algunas personas han conseguido empleo y posteriormente han salido del Hogar. Otras trabajan mientras continúan viviendo allí y utilizan ese tiempo como una etapa de transición hacia una vida independiente.
En materia de consumo de sustancias, la organización trabaja mediante grupos de doce pasos y procesos de acompañamiento, pero no funciona como un centro formal de tratamiento de adicciones.
Cuando una persona necesita mucho más que un techo
Las condiciones de salud que presentan algunas personas constituyen uno de los principales retos para el Hogar.
Herrera relata que hay personas con hipertensión, epilepsia, antecedentes de accidentes cerebrovasculares, demencia, enfermedades neurológicas y otros padecimientos asociados al envejecimiento.
También han atendido personas con cáncer, cirrosis, insuficiencia renal y enfermedades terminales que requieren cuidados paliativos.
En algunos casos, las condiciones médicas se hacen más evidentes una vez que la persona deja temporalmente la dinámica de la calle y comienza a recibir alimentación, descanso y cuidados. La falta de seguro o de seguimiento médico también puede dificultar la atención.
El Hogar procura coordinar con los servicios de salud y, cuando cuenta con recursos, brinda directamente algunos cuidados de enfermería y fisioterapia. También ha recibido apoyo externo para determinadas necesidades. Pero la diversidad de situaciones hace que la atención requiera personal y recursos especializados que una organización de este tipo no siempre puede financiar por sí misma.
Foto: Cortesía del Hogar El Buen Samaritano.
Historias que requieren más de una respuesta
La experiencia acumulada por el Hogar también le ha permitido a Herrera identificar situaciones en las que una persona puede necesitar la intervención de varias instituciones al mismo tiempo.
Uno de los casos que recuerda corresponde a un hombre adulto mayor que llegó remitido por un hospital. Tenía una larga trayectoria en situación de calle, problemas de salud, consumo de sustancias y una condición física que limitaba su movilidad.
Su perfil no encajaba completamente en los servicios disponibles para personas adultas mayores, ni en los destinados a tratamiento de adicciones o discapacidad.
Después de permanecer en el Hogar durante meses, recibió un diagnóstico de cáncer de colon. Con el tiempo, la enfermedad avanzó hasta afectar otros órganos y finalmente falleció en la organización.
Herrera también relata el caso de una mujer que permaneció durante meses hospitalizada debido a un cáncer avanzado y que no tenía un lugar al cual regresar.
La mujer se encontraba en situación de calle y presentaba consumo problemático de sustancias. El Hogar no contaba en ese momento con un espacio destinado a mujeres, por lo que adaptaron una oficina para recibirla.
La situación tampoco encajaba completamente en los servicios institucionales existentes: no se trataba de un caso de violencia de género que correspondiera a un albergue especializado, mientras que su condición médica hacía insuficiente una respuesta centrada únicamente en adicciones. La mujer murió posteriormente en el Hogar.
Para Herrera, historias como estas muestran que la atención de la situación de calle puede involucrar simultáneamente salud, protección social, vivienda, adicciones, discapacidad, vejez y redes familiares.
En su experiencia, hay personas cuyas necesidades atraviesan varias de estas áreas al mismo tiempo, pero que no necesariamente encuentran una respuesta integral en un solo servicio.
Por eso utiliza una frase que resume una de sus principales preocupaciones:
Población que no le toca a nadie”.
Con esa expresión, Herrera describe los casos en los que una persona puede requerir la intervención de varias instituciones debido a las características de su situación, pero las condiciones particulares de cada servicio hacen necesario coordinar diferentes respuestas para atenderla de manera integral.
La vida en calle no cabe en un estereotipo
Herrera también insiste en que la situación de calle no puede explicarse desde los prejuicios.
Uno de los más frecuentes, señala, es asumir que todas las personas que viven en la calle son peligrosas, delincuentes o que simplemente decidieron permanecer allí.
Este tipo de ideas lo que hacen es alejarnos como sociedad y también alejarnos de buscar soluciones a un problema. Nos llevan a reduccionismos que nos hacen interpretar una realidad de una forma equivocada. No es cierto que la gente está en la calle porque quiere. Hay historias y razones por las cuales una persona llega a estar en calle. Y es una serie de fallos a nivel familiar, comunitario, social e institucional".
La experiencia del Hogar muestra historias diferentes: personas que perdieron vínculos familiares, atravesaron enfermedades, tuvieron problemas de consumo, quedaron sin empleo, sufrieron procesos de deterioro físico o mental o simplemente fueron acumulando situaciones que terminaron llevándolas a la calle.
Eso no significa que todos los casos sean iguales ni que todas las personas acepten inmediatamente la ayuda.
Por eso el Hogar trabaja con procesos graduales y, en algunos casos, con varios intentos de reinserción. Herrera explica que parte del acompañamiento consiste precisamente en mantener abierta la posibilidad de que una persona vuelva a intentarlo.
Desde su perspectiva, acercarse a esta población permite conocer una realidad mucho más amplia que la imagen que suele construirse desde afuera.
Foto: Tomada de la página web del Hogar El Buen Samaritano.
La nueva estrategia bajo la mirada de quienes están en el terreno
La experiencia de Herrera también está marcada por las distintas políticas, protocolos e iniciativas que ha conocido durante más de tres décadas de trabajo.
Según relata, en estos años ha visto surgir diferentes propuestas orientadas a mejorar la atención de las personas en situación de calle. Algunas han planteado mecanismos de coordinación entre instituciones y organizaciones, pero, desde su perspectiva, no siempre esos esfuerzos han logrado traducirse de manera sostenida en las respuestas que se requieren en el terreno.
Uno de los principales antecedentes es la Política Nacional para la Atención Integral a las Personas en Situación de Abandono y Situación de Calle 2016-2026.
Herrera recuerda que recibió con expectativa esa política porque promovía una atención articulada. Ante la nueva estrategia anunciada por el Gobierno, subraya la importancia de que esa coordinación se traduzca en acciones concretas y sostenidas para las personas que requieren atención, más allá de lo establecido en los documentos.
La iniciativa fue anunciada el pasado 12 de agosto, días después de que el alcalde de San José, Diego Miranda, solicitara a la Presidencia una respuesta nacional ante el aumento de personas en situación de calle y propusiera una mesa interinstitucional. La primera etapa se desarrollará en el distrito Merced, en San José.
Delfino.cr cuenta con una copia del documento, que contempla acciones de prevención, atención, recuperación y convivencia comunitaria.
El plan contempla rutas diferenciadas según las necesidades de cada persona y evaluaciones a los 30, 60 y 90 días de implementada la primera etapa. También plantea una intervención territorial intensiva y coordinada, un enfoque especialmente relevante para organizaciones como el Buen Samaritano, que reciben personas con perfiles diversos provenientes de distintas partes del país.
Consultado por este medio sobre la fecha de inicio de la primera etapa, el IMAS indicó que actualmente se trabaja en las etapas preparatorias:
La implementación se concibe como un proceso escalonado. En este momento se trabaja en las etapas preparatorias, que incluyen la definición de acciones, la coordinación con las instituciones participantes y la identificación de las condiciones necesarias para su ejecución. Por esta razón, aún no se ha establecido una fecha definitiva para el inicio de la primera etapa; esta será anunciada una vez que concluya la fase de planificación y se cuente con los acuerdos operativos correspondientes".
El pasado lunes 7 de septiembre, además, diez municipalidades solicitaron al Gobierno ser incorporadas a la Mesa Nacional sobre personas en situación de calle y plantearon la necesidad de conocer los resultados de la Estrategia para el Abordaje Integral de Personas en Situación de Calle desarrollada durante la Administración Chaves Robles y los cambios previstos por la Administración Fernández Delgado.
Para organizaciones como el Buen Samaritano, uno de los principales desafíos será que las rutas definidas puedan responder a situaciones que no corresponden a una única institución. Una misma persona puede necesitar simultáneamente atención médica, tratamiento para una adicción, protección social, documentación, rehabilitación, alojamiento y acompañamiento para recuperar su autonomía.
El dinero detrás de la atención
El financiamiento es otra de las piezas centrales para las organizaciones que atienden directamente a esta población.
De acuerdo con la información remitida por el IMAS, entre 2020 y 2025 la institución desembolsó ₡1.813.745.625,02 a entidades privadas que ejecutan proyectos dirigidos a personas en situación de calle.
El IMAS explicó que las organizaciones privadas sin fines de lucro pueden obtener el carácter de bienestar social cuando cumplen los requisitos establecidos y desarrollan programas dirigidos a poblaciones en condición de pobreza y pobreza extrema, entre ellas las personas en situación de calle.
La institución aseguró además que cuenta con mecanismos de registro, declaración, asesoría, fortalecimiento, coordinación y supervisión, así como con el subsidio de costo de atención sujeto al cumplimiento de los requisitos correspondientes.
En el caso específico de la Asociación Hogar El Buen Samaritano, el detalle remitido por el IMAS registra recursos por ₡160.357.670,50 entre 2020, 2021, 2022, 2024 y 2025.
Según Herrera, el IMAS no realizó desembolsos para el Hogar durante 2023, situación que relaciona con la implementación de los nuevos procedimientos derivados de la Ley General de Contratación Pública y el proceso de adaptación institucional a esos requisitos.
La directora también señala que la entrega de los recursos se ha producido, en algunos períodos, de manera tardía. En relación con los fondos recibidos en 2025, indicó que la organización tuvo que reintegrar parte del dinero por las condiciones y el tiempo disponible para su ejecución, así como por situaciones relacionadas con la clasificación de algunos usuarios en el Sistema Nacional de Información y Registro Único de Beneficiarios del Estado (Sinirube).
Para 2026, el IMAS había detallado que el proyecto del Hogar El Buen Samaritano se encontraba en proceso de elaboración del convenio por parte de su Asesoría Jurídica y que, posteriormente, debían realizarse las firmas correspondientes para proceder con el desembolso. Sin embargo, el Hogar informó posteriormente a este medio que el viernes 18 de septiembre recibió el depósito respectivo.
Además del financiamiento, el IMAS resaltó que su papel incluye la coordinación y articulación de la política pública y del trabajo entre instituciones, gobiernos locales, organizaciones de la sociedad civil y otros actores.
En el caso del Hogar El Buen Samaritano, Herrera destaca el respaldo de la Municipalidad de Alajuela, cuyo apoyo, según explica, ha sido determinante para mantener en funcionamiento los servicios de la organización, en un contexto donde el financiamiento institucional continúa siendo un reto.
El verdadero desafío empieza ahora
Desde la experiencia del Buen Samaritano, Herrera resume una de las dificultades que enfrentan las organizaciones que sostienen esta atención con una frase:
Solidaridad con camisa de fuerza”.
La expresión resume una de las principales tensiones que atraviesa la atención de esta población: la voluntad de ayudar no siempre encuentra las condiciones, los recursos o las rutas necesarias para responder a situaciones complejas.
La nueva etapa de la política pública tendrá el reto de conectar las necesidades concretas de las personas en situación de calle con las capacidades de las instituciones, los gobiernos locales y las organizaciones que ya trabajan diariamente con esta población.
También implicará que el Estado, en el marco de sus competencias y responsabilidades, logre articular esas capacidades y garantizar que las respuestas no se queden únicamente en la coordinación sobre el papel, sino que lleguen de manera efectiva a quienes necesitan atención.
Después de 33 años, la experiencia del Hogar El Buen Samaritano aporta una perspectiva construida desde el terreno: las historias son distintas, las necesidades pueden cambiar y una misma persona puede requerir más de una respuesta.
La nueva estrategia tendrá ahora el desafío de convertir esa coordinación en rutas concretas, seguimiento y atención sostenida. Porque, detrás de cada cifra y de cada iniciativa, siguen estando las personas que necesitan que alguna de esas rutas efectivamente las conduzca a un lugar donde puedan ser atendidas.
Foto: Tomada de la página de Facebook del Hogar El Buen Samaritano.
