La declaración plantea reforzar los sistemas sanitarios, mejorar el acceso a vacunas y aumentar la financiación para enfrentar emergencias de salud pública.
La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó este lunes 12 de octubre una declaración política sobre prevención, preparación y respuesta frente a pandemias, con el respaldo de 153 países, entre ellos Costa Rica. Estados Unidos, Israel y Argentina fueron los únicos tres países que votaron en contra, mientras que Nueva Zelanda y Paraguay se abstuvieron.
La votación correspondió al documento A/81/L.6, presentado por la Presidencia de la Asamblea General como resultado de las negociaciones intergubernamentales desarrolladas antes de la reunión de alto nivel sobre pandemias, celebrada el pasado 25 de septiembre en Nueva York. La declaración establece compromisos políticos para fortalecer la capacidad de los países de prevenir nuevas crisis sanitarias, detectar amenazas oportunamente y responder de manera coordinada.
El texto aprobado reconoce que, pese a los avances registrados desde la pandemia de COVID-19, el mundo todavía no está suficientemente preparado para enfrentar nuevas pandemias. Los países señalaron que persisten importantes deficiencias en los sistemas de vigilancia epidemiológica, los laboratorios, la financiación sanitaria y el acceso equitativo a vacunas, medicamentos y pruebas diagnósticas.
La declaración también reconoce las desigualdades que caracterizaron la respuesta internacional a la COVID-19, particularmente las dificultades de los países en desarrollo para acceder oportunamente a productos médicos. En ese sentido, plantea fortalecer las capacidades nacionales y regionales para investigar, desarrollar y fabricar vacunas, tratamientos y pruebas de diagnóstico, de manera que la respuesta ante futuras emergencias no dependa exclusivamente de unos pocos países productores.
Registro de la votación de la declaración en la Asamblea General de la ONU. Costa Rica votó a favor. | Fuente: Captura de pantalla United Nations TV.
Entre las medidas incluidas en el documento figura el compromiso de promover inversiones en capacidades de investigación, desarrollo y fabricación de productos sanitarios, con el objetivo de ampliar la disponibilidad de vacunas, tratamientos y medios de diagnóstico durante los primeros 100 días de una amenaza de pandemia.
Los países también respaldaron el fortalecimiento de los sistemas de alerta temprana, vigilancia epidemiológica y laboratorios, así como la coordinación entre los sectores de salud humana, sanidad animal y medio ambiente. Este último enfoque, conocido como "Una sola salud", parte del reconocimiento de que numerosas enfermedades infecciosas pueden surgir o propagarse por la interacción entre personas, animales y ecosistemas.
La declaración plantea reforzar la atención primaria de salud, mantener los programas habituales de vacunación, garantizar servicios de salud mental y apoyo psicosocial, y proteger al personal sanitario durante las emergencias. También reconoce la necesidad de adoptar medidas de salud pública basadas en evidencia científica, proporcionales a los riesgos y adaptadas a las condiciones de cada país.
Otro de los compromisos consiste en garantizar para 2030 el acceso universal a servicios de salud sexual y reproductiva, incluidos los de planificación familiar, información y educación, e integrar la salud reproductiva en las políticas y programas nacionales.
La Asamblea General reconoció que los mecanismos internacionales para financiar la preparación frente a pandemias continúan fragmentados y carecen de recursos suficientes. El documento recuerda que existe una brecha de financiación estimada en 15.000 millones de dólares anuales para fortalecer la preparación sanitaria mundial, según un informe de 2021 del Grupo Independiente de Alto Nivel del G20.
Para atender esta situación, la declaración promueve una mayor inversión nacional en salud, el aumento de la cooperación financiera y técnica hacia los países en desarrollo y el fortalecimiento de los mecanismos internacionales que permiten movilizar recursos durante emergencias sanitarias.
También propone poner en funcionamiento un mecanismo financiero de coordinación para mejorar la articulación entre las distintas fuentes internacionales de financiación, evitar duplicaciones y facilitar que los recursos lleguen oportunamente a los países que los necesitan.
En materia de cooperación científica, el texto destaca la importancia de compartir información sobre patógenos con potencial pandémico y garantizar una distribución justa de los beneficios derivados de su utilización, especialmente cuando esa información permite desarrollar vacunas, tratamientos o tecnologías sanitarias.
La resolución aprobada es una declaración política de la Asamblea General de Naciones Unidas, por lo que no constituye por sí misma un tratado internacional que imponga nuevas obligaciones jurídicas directamente exigibles a los países que la respaldaron. El documento sí expresa apoyo al Acuerdo sobre Pandemias de la Organización Mundial de la Salud (OMS), adoptado por la Asamblea Mundial de la Salud en 2025, y a las enmiendas del Reglamento Sanitario Internacional aprobadas en 2024.
Entre los compromisos políticos incluidos figura combatir la información engañosa y la desinformación relacionadas con la salud, incluida aquella que fomenta la reticencia a la vacunación, mediante educación, alfabetización sanitaria, herramientas digitales e información fundamentada en evidencia científica.
