Entre quienes viven en hogares no pobres por ninguna de las dos mediciones, la proporción es del 31,5%.
Tener trabajo no garantiza escapar de la pobreza en Costa Rica. La Encuesta Nacional de Hogares (Enaho) 2026 reveló que el 85,2% de las personas ocupadas que viven en hogares considerados pobres tanto por sus ingresos como por sus condiciones de vida tiene un empleo informal.
El dato equivale a aproximadamente 55.400 personas con trabajos informales entre las 65.054 personas ocupadas que residen en hogares clasificados como pobres por ambos métodos, según los resultados publicados este martes por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).
La diferencia respecto a quienes viven en hogares que no son pobres es considerable. Entre las personas ocupadas de hogares que superan la línea de pobreza por ingresos y que tampoco presentan pobreza multidimensional, la informalidad laboral alcanza al 31,5%.
Esto significa que la proporción de trabajadores informales es 2,7 veces mayor entre quienes viven en hogares pobres por ambas mediciones, con una diferencia de 53,7 puntos porcentuales.
En el conjunto del país, independientemente de la condición económica de los hogares, el 37,3% de las personas ocupadas tiene un empleo informal.
El INEC clasifica como informales diferentes modalidades de trabajo que no cumplen determinadas condiciones de formalidad laboral o empresarial.
Por ejemplo, incluye a personas asalariadas cuyos empleadores no realizan los aportes correspondientes a la seguridad social, así como a quienes trabajan por cuenta propia en negocios que no están formalmente constituidos ni llevan registros contables periódicos.
También contempla determinadas ocupaciones ocasionales, personas que colaboran sin recibir remuneración y otros tipos de empleo que cumplen los criterios establecidos en la metodología de la encuesta.
Los hogares pobres también enfrentan mayores dificultades para conseguir trabajo
La encuesta muestra que las diferencias no se limitan al tipo de empleo. También existen brechas importantes en las oportunidades de trabajar.
Entre las personas de 15 años o más que viven en hogares pobres por ingresos y por condiciones de vida, la tasa de ocupación es del 33,6%. Esto significa que aproximadamente una de cada tres personas de ese grupo de edad tiene trabajo.
En cambio, entre quienes viven en hogares que no son pobres por ninguna de las dos mediciones, la tasa de ocupación alcanza el 55,6%.
La diferencia también aparece en el desempleo. La tasa de desempleo entre las personas de hogares pobres por ambos métodos es del 14,1%, frente al 4,5% entre quienes viven en hogares no pobres. Este indicador mide la proporción de personas sin empleo que buscan trabajo dentro de la fuerza laboral, por lo que no debe confundirse con la tasa de ocupación.
Además, las personas ocupadas que viven en hogares pobres por ambos métodos registran un promedio de 33,5 horas trabajadas en su empleo principal, frente a las 43,5 horas de quienes viven en hogares no pobres. La diferencia es de aproximadamente diez horas.
Estas cifras muestran que las personas que viven en hogares con mayores carencias no solamente presentan una proporción más elevada de empleos informales, sino también menores tasas de ocupación y menos horas de trabajo en promedio.
Menor escolaridad y mayores dificultades económicas
Las diferencias también se reflejan en los niveles educativos de las personas que integran los hogares.
En aquellos clasificados como pobres tanto por ingresos como por condiciones de vida, las personas de 15 años o más tienen un promedio de 6,5 años de escolaridad. Entre quienes viven en hogares no pobres por ninguno de los métodos, el promedio alcanza los diez años.
La diferencia equivale a aproximadamente tres años y medio de educación formal. Esta comparación comprende a todas las personas de esas edades que integran los hogares, no solamente a quienes tienen trabajo.
Por otra parte, el ingreso mensual promedio por persona de los hogares pobres por ambas mediciones es de ₡67.934, mientras que en los hogares no pobres por ninguno de los dos métodos alcanza los ₡558.758.
La relación entre pobreza y empleo informal
La Enaho utiliza dos formas de medir la pobreza. La primera compara los ingresos de los hogares con el dinero estimado que necesitan para cubrir sus necesidades básicas. La segunda, conocida como Índice de Pobreza Multidimensional (IPM), examina carencias en educación, vivienda, salud, trabajo y protección social.
Los resultados muestran que la informalidad afecta al 79,4% de las personas ocupadas que viven en hogares pobres por ingresos, mientras que entre las personas ocupadas de hogares pobres multidimensionales alcanza el 71,9%.
Ambos grupos incluyen a personas que cumplen simultáneamente las dos condiciones de pobreza, por lo que sus porcentajes no corresponden a poblaciones completamente independientes.
Además, la propia medición de pobreza multidimensional incorpora indicadores relacionados con el empleo independiente informal y el incumplimiento de derechos laborales. Por esa razón, parte de la relación observada entre informalidad y pobreza multidimensional está vinculada a la forma en que se construye el indicador.
Los datos tampoco permiten concluir que la informalidad sea la única causa de pobreza ni establecer una relación directa de causa y efecto entre ambas situaciones.
No obstante, la encuesta evidencia una diferencia considerable en las condiciones laborales de la población: mientras la informalidad afecta aproximadamente a tres de cada diez personas ocupadas en hogares no pobres, alcanza a más de ocho de cada diez entre quienes viven en hogares pobres por ambos métodos.
