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La compasión como amoroso motor de cambio

¡Qué distintas serían nuestras sociedades si midiéramos el progreso por nuestra capacidad de unirnos para cuidar!

Acompañar a diversas comunidades en su camino para convertirse en Ciudad Compasiva ha sido una de las experiencias más significativas de mi vida. En este recorrido he confirmado que la compasión es mucho más que un sentimiento: es una fuerza que organiza, moviliza y transforma.

Cuando una comunidad decide actuar frente al dolor ajeno, algo profundo comienza a cambiar, y saber que he aportado a este movimiento en mi país me llena de orgullo.

En 2022, tuve el privilegio de ver nacer el proyecto Todos con Vos, Ciudades Compasivas, y de colaborar en la estructura que hoy sostiene su crecimiento. Esta iniciativa, liderada por la Fundación Partir con Dignidad y Coopenae - Wink, avanza con paso firme. Se han sumado al esfuerzo otros actores como la Universidad Santa Paula, la UNED y la Universidad Latina, en el campo académico. Son clave los gobiernos locales, el Ministerio de Salud, ASCAJU, Parque La Libertad y Fundación Yamuni Tabush, entre otros. Continuamos creciendo en distintas regiones del país.

En estos cuatro años, he acompañado a nueve cantones en su proceso de certificación y a ocho más que actualmente están en proceso. En este recorrido, he encontrado realidades que se repiten: familias cuidando en soledad, mujeres exhaustas acompañando a un ser querido en etapa terminal, comunidades fragmentadas e instituciones desarticuladas entre sí. Esta realidad, de la que poco se habla, deja huellas profundas y nos recuerda que necesitamos reencontrarnos, organizarnos y recuperar nuestra capacidad de cuidarnos mutuamente. Es ahí donde iniciativas innovadoras como esta cobran sentido.

El proyecto ha sido un respiro para muchas personas que sufrían en silencio. Hemos apoyado 54 hogares que cuidan a una persona en etapa terminal, 26 de los cuales continúan activos. Desde 2023, se han realizado 324 actividades, con una participación de 10.532 personas. He acompañado y formado a 32 personas coordinadoras de equipos cantonales, quienes lideran estos procesos desde sus territorios y hacen que la metodología se convierta en acción, así como a 13 personas voluntarias que hoy sostienen a las familias que atraviesan estos momentos difíciles.

El camino no ha estado libre de desafíos

La falta de datos actualizados, la burocracia, la escasa coordinación entre instituciones y las dificultades para recaudar fondos siguen siendo obstáculos reales. Sin embargo, cuando una comunidad se reconoce como compasiva, encuentra fuerzas para seguir adelante.

Definitivamente, estamos tejiendo una red compasiva de cuidado comunitario, donde cada persona y organización que se suma experimenta un cambio interno y encuentra la convicción de que otra forma de acompañar y cuidar es posible. He visto ese cambio en distintos niveles. Quienes lideran en cada cantón desarrollan una mirada distinta hacia la vulnerabilidad, el cuidado y la muerte. En las comunidades, las redes se reactivan para acompañar a los hogares que lo necesitan, los barrios se unen frente a la tragedia, como en Quircot después del suicidio de una madre, y las personas cuidadoras se sienten acompañadas tras años de soledad.

Y, en lo institucional, he visto cómo se articulan distintos sectores y cómo el cuidado, el final de la vida y las poblaciones que atraviesan estas situaciones empiezan a ocupar un lugar en la agenda.

Precisamente, durante las próximas semanas, la Fundación Partir con Dignidad tendrá una campaña nacional para crear conciencia sobre la necesidad de construir una Red de Compasión, una verdadera red social que no habita en las pantallas del celular sino que está constituida por personas de carne y hueso dispuestas a dar una mano a quien se encuentra al final de su vida y a la familia que lo cuida.

Me gusta pensar que con esta campaña de sensibilización y con el proyecto de Ciudades Compasivas estamos sembrando, desde cada territorio, las semillas de la transformación cultural para convertir a Costa Rica en el primer país compasivo del mundo.

Porque cuando la compasión se convierte en acción colectiva, transforma territorios. Y nos transforma a quienes acompañamos estos procesos.