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Paquetes pequeños, grandes riesgos: el futuro del control aduanero frente al auge del comercio electrónico (Parte II)

Cada compra en línea parece una operación sencilla para el consumidor. Bastan unos cuantos clics y, días después, un paquete llega a la puerta de su casa.

Para las aduanas ocurre exactamente lo contrario. Detrás de cada envío existe una operación que debe ser identificada, analizada y, cuando corresponda, controlada. La fragmentación de las importaciones en millones de envíos pequeños y de bajo valor genera enormes retos operativos para esa institución. Al creciente volumen de paquetes se deben añadir tiempos muy cortos de intervención, gran cantidad de destinatarios, datos de calidad desigual y riesgos asociados con fraude comercial, defraudación aduanera, subvaloración, mercancías ilícitas, falsificaciones y productos sujetos a controles especiales.

En un primer artículo de esta serie de tres hice alusión al verdadero tsunami que representa la paquetería y a la presión que ejerce sobre las administraciones aduaneras, incluida la de Costa Rica. En esta segunda entrega, examinaré algunas prácticas internacionales que se están utilizando para enfrentar este fenómeno y fortalecer los controles aduaneros frente a un volumen de operaciones cada vez mayor.

¿Qué ha dicho la Organización Mundial de Aduanas (OMA)?

En junio de 2018, el Grupo de Trabajo sobre Comercio Electrónico (GTCE) adoptó una primera versión del Marco de Normas de la OMA sobre Comercio Electrónico Transfronterizo (MCE), con la finalidad de establecer los principios y normas cuya aplicación buscaba que las aduanas apoyaran el crecimiento del comercio electrónico transfronterizo, garantizando, a su vez, la seguridad nacional y la facilitación del comercio legítimo. Las especificaciones técnicas del Marco de Servicios para el Comercio Electrónico (E-Commerce FoS) y la guía adicional que respalda su implementación fueron adoptadas en junio de 2019 y diciembre de 2020, respectivamente.

A criterio de la OMA, el control aduanero del comercio electrónico transfronterizo ya no puede descansar principalmente en la revisión física de las mercancías. La verdadera capacidad de control reside en los datos. Las aduanas deben disponer de información oportuna, completa y exacta, preferiblemente obtenida desde su fuente original y de manera previa a la llegada de los envíos. Solo así es posible anticipar riesgos, identificar operaciones sospechosas y liberar con rapidez las transacciones legítimas en un entorno altamente automatizado. Pretender controlar millones de paquetes mediante esquemas tradicionales de inspección resulta materialmente inviable. El reto actual consiste en controlar mejor a partir de la información, con el propósito de intervenir menos, pero de manera mucho más efectiva. No se trata de revisar más, sino de detectar mejor.

Sin pretender ser exhaustivos respecto de los instrumentos de la OMA, estos plantean determinadas implicaciones para las administraciones de aduanas.

El volumen de paquetes hace inviable pretender que el control descanse principalmente en la apertura física de los envíos. La tendencia apunta, más bien, hacia un modelo sustentado en la recepción masiva de información, la analítica de datos y la gestión de riesgo. El objetivo no es revisar más paquetes, sino identificar con mayor precisión cuáles requieren una intervención.

Para ello, la información debe estar disponible antes de que la mercancía llegue al país. Datos oportunos, completos y confiables permiten evaluar anticipadamente los riesgos, seleccionar los envíos que ameritan control y, al mismo tiempo, facilitar la liberación de aquellos paquetes que no presentan señales de alerta. El verdadero valor, sin embargo, no está únicamente en disponer de millones de registros. Si las descripciones de las mercancías son genéricas o imprecisas, los valores declarados son poco confiables o la información sobre vendedores y destinatarios es insuficiente, la capacidad de análisis se reduce considerablemente.

Este nuevo esquema tampoco puede recaer exclusivamente sobre las aduanas. El marco regulatorio de la OMA presupone una participación activa y colaborativa de plataformas, vendedores, couriers, operadores postales, intermediarios y otras autoridades. Frente a la magnitud y complejidad del comercio electrónico transfronterizo, esta cooperación, más que una opción, se convierte en una condición indispensable para ejercer un control aduanero efectivo.

Pago de impuestos

Algo similar ocurre con la recaudación. Los mecanismos de pago de impuestos deben ser capaces de procesar miles de operaciones de bajo valor sin que el costo administrativo termine siendo desproporcionado frente a los montos recaudados. En ese contexto, esquemas que permitan determinar y recaudar los tributos antes del envío o de la llegada de las mercancías constituyen una alternativa que merece especial atención, en la medida en que podrían reducir significativamente la presión operativa sobre las aduanas del país importador.

La misma lógica se debe aplicar a los recursos necesarios para realizar inspecciones. No debemos olvidar que el recurso humano, los equipos y los espacios físicos son limitados, por lo que su utilización se debe concentrar donde el riesgo sea mayor. La selectividad es una herramienta de facilitación y, al mismo tiempo, se convierte en un factor esencial para mejorar los controles.

En definitiva, el crecimiento exponencial del comercio electrónico obliga a replantear la gestión aduanera. No es razonable esperar controles más eficaces si se continúa operando con procedimientos, herramientas y esquemas de coordinación concebidos para una realidad comercial distinta. Frente a miles o millones de envíos individuales, mantener el modelo tradicional no solo resulta insuficiente, sino que condena al sistema a reaccionar siempre tarde. La respuesta pasa por la integración institucional, la interoperabilidad de datos, la automatización, la gestión de riesgo, la cooperación con el sector privado y la actualización tecnológica permanente.

Preguntas ineludibles ante una nueva realidad aduanera

A la luz de lo anterior, surgen preguntas inevitables: ¿está nuestra legislación aduanera realmente adaptada a las tendencias del comercio electrónico? ¿Contamos con un sistema de información capaz de recibir, procesar e intercambiar de manera estandarizada datos electrónicos anticipados? ¿Cuánto hemos avanzado en la obtención temprana de información directamente desde los distintos participantes de la cadena de comercio electrónico? ¿Existe una política clara de cooperación entre aduanas, otras autoridades públicas y actores privados que intervienen en estas operaciones? Y, aún más importante, ¿dispone nuestro Servicio Nacional de Aduanas de un modelo de gestión de riesgos basado en nuevas tecnologías, robusto, dinámico y apoyado en datos para enfrentar un flujo de miles de envíos individuales?

Estas preguntas no son meramente teóricas. De sus respuestas depende que el país logre superar un esquema de control tradicional que muestra serias limitaciones para gestionar el volumen actual de paquetes que ingresan al país y avanzar hacia un modelo capaz de anticipar riesgos, sustentado en información oportuna, analítica de datos y controles físicos focalizados en los envíos que representen un mayor riesgo, aprovechando además la transición del sistema TICA hacia Atena como una oportunidad para modernizar la gestión aduanera, fortalecer el uso de la información y adecuar los procesos de control a las nuevas exigencias del comercio electrónico.

Nota del editor: en la tercera y última parte de la temática de este artículo, el autor analizará la viabilidad de que Costa Rica establezca una tasa por los servicios de procesamiento aduanero aplicables a los envíos de paquetería, cuyo monto guarde relación con los costos asociados con los controles que se deben realizar sobre las mercancías que ingresan al país bajo esa modalidad.