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Percusionista costarricense se abre camino en Zagreb mientras trabaja para financiar su maestría

Ana Solano Villalobos llegó a Europa después de graduarse en percusión en la UCR. Hoy combina sus estudios con clases virtuales, pintura y paseos de perros para costear su formación.

Cuando Ana Solano Villalobos regresó a Costa Rica tras recorrer Europa con el World Percussion Group (WPG), pensaba que todavía tendría tiempo para planear su siguiente paso académico.

Durante la gira había conocido profesores de diferentes centros de formación musical y, en Croacia, encontró un lugar que le llamó especialmente la atención: la Academia de Música de la Universidad de Zagreb.

Preguntó por el proceso para ingresar a una maestría y envió los videos de su recital de graduación. Su expectativa era intentar el ingreso hasta 2027. La respuesta llegó mucho antes.

Se los mandé a los pocos días de estar en el país, me pidieron otra información y nada más me dicen: “Bueno, Ana, la aceptamos”. Yo nada más dije: “¿Qué? ¿Cómo así?”. No estaba preparada para venirme este año a Croacia”.

La oportunidad significaba cumplir un objetivo que perseguía desde hacía años, pero también reorganizar su vida con muy poco tiempo y encontrar la forma de pagar tanto la matrícula como sus gastos de vivienda y alimentación.

Hoy, instalada en Zagreb, Solano da clases virtuales de teoría musical y percusión, vende pinturas cuando puede y consiguió además trabajo paseando perros.

He llegado a pensar: “Puña, qué increíble saber que yo, una persona de Patarrá, de un pueblito de Desamparados, estoy acá demostrando todo lo que he ido aprendiendo”.

Un camino que comenzó mucho antes de la UCR

Solano acaba de cerrar también una etapa importante en Costa Rica. En febrero concluyó su bachillerato en la Escuela de Artes Musicales de la Universidad de Costa Rica (UCR) con énfasis en percusión.

Según explicó a Delfino.CR, al momento de graduarse se convirtió en la tercera mujer en concluir ese énfasis en la UCR.

El recorrido, sin embargo, había comenzado muchos años antes.

Antes de ingresar al bachillerato pasó por el programa preuniversitario de la Escuela de Artes Musicales, una etapa de formación previa a la audición de ingreso.

En el programa preuniversitario nos preparan como por unos tres años, más o menos. Yo duré unos seis años, porque los cursos eran un poco diferentes y por situaciones personales. Igual se necesita un nivel específico para poder entrar, entonces las personas tienen que haber estado antes en escuelas musicales o espacios similares”.

Ana Solano durante su recital de graduación Ana Solano durante su recital de graduación en la UCR. Crédito: Ana Solano.

Durante esos años, financiar su formación tampoco fue sencillo. Mientras cursaba el preuniversitario, vendió empanadas y dio clases particulares de batería porque el horario académico dificultaba asumir un empleo de tiempo completo.

Más adelante, ya como estudiante universitaria, trabajó medio tiempo como profesora de música en el Sistema Nacional de Educación Musical (SiNEM), primero en Oreamuno de Cartago y posteriormente en el Parque La Libertad.

Ese último espacio tiene un significado particular para ella: antes de convertirse en profesora había sido estudiante allí, y parte de la formación recibida le permitió alcanzar el nivel necesario para ingresar al programa preuniversitario de la UCR.

Una gira que terminó abriendo una puerta

En abril de 2026, Solano participó en una gira por 13 países europeos con el World Percussion Group, un proyecto internacional que reúne a percusionistas jóvenes para realizar conciertos, clases y actividades académicas.

Una de las paradas fue Croacia.

Allí aprovechó para conocer personalmente a profesores de la Academia de Música de Zagreb y preguntarles por las posibilidades de continuar sus estudios.

Hablé con cada uno de los profes que podía, de cada conservatorio que fui conociendo, pero este fue el que más me dio esas vibras de decir: “Uy, yo creo que por aquí es”. El ambiente en serio está muy lindo”.

Cuando volvió a Costa Rica envió los videos de su recital final. La posibilidad de incorporarse inmediatamente al programa la tomó por sorpresa.

Fue muy emocionante porque este momento lo estuve esperando desde hace años y años. Fue muy lindo, una muy linda sorpresa”.

La rapidez del proceso significó también comenzar a buscar nuevas fuentes de ingreso. Antes de viajar comenzó a vender pinturas y a ofrecer clases virtuales; ya instalada en Zagreb consiguió su primer trabajo paseando perros.

Ana proviene además de una familia en la que varias mujeres de la rama materna pintan de manera aficionada, una habilidad que ella también desarrolló y ahora utiliza para complementar sus ingresos.

Ana Solano junto a una marimba Ana Solano continúa especializándose en percusión en la Universidad de Zagreb. Crédito: Ana Solano.

Estudiar y trabajar lejos de casa

Solano comenzó las clases de su maestría esta semana y reconoce que la experiencia mezcla entusiasmo, incertidumbre y adaptación.

Uno de los cursos que más esperaba es repertorio orquestal, una materia que, según explicó, no había tenido durante su formación en Costa Rica.

Voy a tener cursos que nunca en mi vida había recibido y me asusta, pero me da mucha emoción. Hay, por ejemplo, un curso que se llama repertorio orquestal, que es algo que no había en Costa Rica. Son muchas cosas las que tengo que estudiar, pero me emociona un montón”.

También enfrenta una barrera lingüística. Según relató, sus profesores se comunican principalmente en croata, idioma que ella todavía está aprendiendo.

A eso se suma la distancia de su familia, amistades y pareja. El programa tiene una duración aproximada de dos años y, mientras completa los trámites relacionados con su residencia, su movilidad fuera del país también es limitada.

Su mamá continúa ayudándola económicamente cuando le es posible, un respaldo por el que Solano dice sentirse profundamente agradecida.

“¿Por qué percusión?”

La música es también un terreno en el que Solano ha enfrentado estereotipos de género.

Aunque su familia respaldó su decisión de convertirse en música, recuerda comentarios que cuestionaban específicamente su elección de la percusión.

Siempre había comentarios como: “Está bien, pero ¿por qué percusión? ¿No quiere un instrumento más femenino o más bonito, no tan masculino?”. Y yo decía: “No, yo quiero percusión porque me encanta”.

La percusionista ha utilizado además sus redes sociales para conversar sobre el machismo dentro de la música y sobre las barreras que, desde su perspectiva, todavía enfrentan muchas mujeres que quieren desarrollarse profesionalmente en ese ámbito.

La conexión de Solano con la percusión, sin embargo, sigue siendo profundamente personal.

La música para mí ha significado mi vida entera. Ni siquiera necesito estar en un escenario para sentirme increíble. Mientras estoy estudiando hay momentos en los que llego, abrazo la marimba y le doy besos y digo: “Ay, Dios, gracias, qué emoción poder hacer esto”.

Volver para compartir lo aprendido

Aunque su llegada a Zagreb apenas comienza, Solano ya piensa en lo que quisiera hacer después.

Le interesa continuar eventualmente con un doctorado y explorar posibilidades como la interpretación orquestal, el trabajo como solista o la música para producciones audiovisuales. Pero hay una aspiración que coloca por encima de las demás: seguir enseñando y compartir en Centroamérica lo que aprenda durante su formación europea.

La idea es regresar a Centroamérica y brindar toda la información que pude obtener acá en Europa para que pueda haber más chicas, más chicos percusionistas y que tengan más ayuda; que no se sientan tan solos, que sientan que hay alguien que les trae información renovada y se sientan escuchados”.

También sueña con crear redes que permitan multiplicar ese conocimiento más allá de Costa Rica.

Quiero que sepan que, si necesitan cualquier tipo de apoyo, uno está ahí. Quiero poder generar más semilleros en los que otras personas puedan encargarse de otros países centroamericanos y que podamos seguir creciendo toda esta comunidad”.

De momento, ese proyecto se construye entre las aulas de Zagreb, las clases que continúa impartiendo a distancia, sus pinturas y los perros que pasea para sostener una oportunidad que llegó antes de lo previsto.

Para Solano, todo forma parte del mismo camino que comenzó años atrás en Patarrá y que hoy la tiene estudiando percusión a miles de kilómetros de casa.