Referencia del BCCR

Tipo de cambio

Compra

₡...

Venta

₡...

Presentado por
Logo Coopealianza
Imagen principal del artículo: La enseñanza que nos deja el Acuerdo Transpacífico

La enseñanza que nos deja el Acuerdo Transpacífico

La reciente decisión del Gobierno de la República de archivar el proceso de adhesión de Costa Rica al Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), conocido como el Acuerdo Transpacífico, nos deja importantes enseñanzas que, como sector agropecuario, debemos analizar y aprovechar de cara al futuro.

Más allá de la decisión adoptada, corresponde plantearnos una pregunta fundamental: ¿cuál es la principal enseñanza que nos deja la discusión del Acuerdo Transpacífico y cómo podemos convertir esta experiencia en una oportunidad para fortalecer la producción agropecuaria nacional?

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reconoce la importancia del comercio internacional para la seguridad alimentaria y el desarrollo económico. Sin embargo, también señala la necesidad de que las políticas comerciales mantengan un equilibrio entre la apertura de mercados y el fortalecimiento de la producción nacional, considerando particularmente las condiciones de los pequeños productores y las economías en desarrollo.

Estas consideraciones adquieren especial relevancia para Costa Rica, donde la producción agropecuaria no solamente contribuye al abastecimiento de alimentos, sino que también constituye una fuente fundamental de empleo, desarrollo rural y bienestar para miles de familias.

En esa misma línea, resultan oportunas las reflexiones del excanciller Enrique Castillo, publicadas en La Nación el pasado 26 de octubre de 2026, en las que destaca la importancia de procurar salvaguardas que permitan proteger la agricultura nacional, así como promover los encadenamientos productivos y la transferencia de tecnología hacia otros sectores de la economía.

Ambas reflexiones nos recuerdan que la apertura comercial debe acompañarse de condiciones que permitan a nuestros productores competir en circunstancias justas y sostenibles, sin comprometer la capacidad productiva del país ni su seguridad alimentaria. No obstante, considero que una de las enseñanzas más significativas de este proceso ha sido comprobar que el sector agropecuario costarricense mantiene una extraordinaria capacidad de organización, unidad y participación, especialmente cuando se trata de defender su presente y su futuro.

Esta experiencia también permitió visibilizar un fenómeno particularmente esperanzador: el surgimiento de una nueva generación de jóvenes productores dispuestos a asumir un papel protagónico en la defensa y transformación del agro nacional.

Un ejemplo de ello es el grupo integrado por jóvenes productores de los cantones de San Carlos y Zarcero, cuyas edades oscilan principalmente entre los 25 y los 30 años. Entre sus integrantes destacan Dylana Rodríguez Blanco, Paula Rodríguez Morales, Alejandro Quesada Aguilar, Melany Valenciano Alfaro, Melissa Alpízar, Mauricio Alfaro y Dayana Rodríguez Vásquez, una de sus líderes.

Este grupo nació con el propósito de defender, mediante propuestas, argumentos y participación activa, las actividades agropecuarias de sus comunidades, particularmente la producción láctea, que representa una importante fuente de empleo y desarrollo económico para numerosas familias de la región.

Durante el proceso de discusión del CPTPP, sus integrantes hicieron escuchar sus voces en diferentes espacios, incluyendo la Asamblea Legislativa, Casa Presidencial y los foros regionales organizados para analizar las posibles implicaciones del acuerdo sobre las actividades productivas nacionales. Su participación constituye una demostración de que el relevo generacional en la agricultura costarricense no es solamente una necesidad futura, sino una realidad que comienza a manifestarse con liderazgo, compromiso y convicción.

Detrás de estos jóvenes existe una historia de trabajo, esfuerzo y arraigo familiar. Muchos crecieron en lecherías y explotaciones agropecuarias, aprendiendo desde temprana edad que producir alimentos es mucho más que una actividad económica: es una forma de vida que exige responsabilidad, perseverancia y respeto por la naturaleza.

Ese sentimiento quedó reflejado en el emotivo mensaje de Dayana Rodríguez Vásquez, durante el Congreso Nacional Lechero celebrado el pasado 28 de octubre, cuando compartió cómo crecer en una lechería representa una verdadera escuela para la vida, donde se aprende a valorar el esfuerzo cotidiano, a enfrentar las dificultades y a mantener la esperanza aun en medio de la incertidumbre.

Este es, precisamente, uno de los mensajes más importantes que nos deja el proceso del Transpacífico: el agro costarricense tiene nuevas generaciones que creen en él, que desean continuar produciendo y que están dispuestas a defender su futuro.

Su ejemplo también representa un mensaje de esperanza para los miles de estudiantes que actualmente cursan carreras universitarias y especialidades técnicas vinculadas con las ciencias agroalimentarias, tanto en universidades públicas y privadas como en colegios técnicos profesionales del país. Estos jóvenes representan el capital humano que Costa Rica necesita para modernizar su producción agropecuaria, incorporar nuevas tecnologías, aumentar la productividad y garantizar la continuidad de las actividades productivas en las zonas rurales.

Por ello, la decisión del Gobierno de archivar el proceso de adhesión al CPTPP debe interpretarse también como una oportunidad para abrir una nueva etapa de diálogo, construcción de consensos y fortalecimiento de la competitividad del sector agropecuario. La defensa de nuestra producción nacional no puede limitarse a evitar riesgos derivados de determinados acuerdos comerciales. Debe traducirse en acciones concretas que permitan producir mejor, competir en condiciones más favorables y generar oportunidades para quienes desean construir su futuro en el campo.

En este contexto, adquiere especial importancia impulsar la agenda de competitividad que ha venido promoviendo la Cámara Nacional de Agricultura y Agroindustria (CNAA), mediante su Plan de Acciones Prioritarias, presentado en agosto de 2026, que contempla siete ejes estratégicos y 61 acciones de corto, mediano y largo plazo, con una visión de desarrollo hacia el año 2050.

Esta propuesta, entregada al ministro de Agricultura y Ganadería, constituye una hoja de ruta para abordar los principales desafíos estructurales que enfrenta el sector y avanzar hacia una agricultura más competitiva, innovadora, sostenible y generadora de oportunidades. Su implementación requiere del compromiso conjunto del Gobierno, las organizaciones agropecuarias, los productores, la academia y, particularmente, de las nuevas generaciones.

En este esfuerzo, las iniciativas de grupos de jóvenes pueden desempeñar un papel fundamental, aportando liderazgo, nuevas ideas y una visión renovada del desarrollo rural. Asimismo, la CNAA debe continuar fortaleciendo los espacios de articulación, capacitación, innovación y vinculación comercial que permitan transformar estas iniciativas en oportunidades concretas para los productores.

La enseñanza que nos deja la discusión del Acuerdo Transpacífico es clara: cuando el sector agropecuario se une, se organiza y hace escuchar su voz con argumentos y propuestas, puede incidir en las decisiones que determinan su futuro. Pero esta experiencia también nos deja una responsabilidad mayor: transformar esa unidad en una agenda de trabajo permanente que fortalezca la producción nacional, genere condiciones reales de competitividad y abra oportunidades para las nuevas generaciones.

El verdadero legado de esta experiencia no debe ser únicamente haber logrado que se archivara el proceso de adhesión al CPTPP, sino haber demostrado que existe un sector agropecuario unido, con jóvenes comprometidos y con la capacidad de construir su propio futuro.

Porque defender el agro costarricense no significa solamente proteger lo que hemos construido durante más de doscientos años; significa, sobre todo, garantizar que las nuevas generaciones tengan las condiciones y oportunidades para continuar produciendo, innovando y contribuyendo al desarrollo de Costa Rica.

En conclusión, es momento de cerrar la página del Acuerdo Transpacífico y concentrar nuestros esfuerzos en los desafíos y oportunidades que tenemos por delante. El reto ahora es pasar de la unidad demostrada a la acción conjunta, impulsando la implementación de las 61 acciones contempladas en el Plan de Acciones Prioritarias de la Cámara Nacional de Agricultura y Agroindustria (CNAA), con una visión de desarrollo hacia el año 2050. Esta hoja de ruta debe permitirnos construir un sector agropecuario más fuerte, productivo, competitivo y sostenible, capaz de generar empleo, dinamizar las economías regionales y ofrecer nuevas oportunidades de desarrollo y bienestar para las familias rurales y las futuras generaciones.

La enseñanza que nos deja el Acuerdo Transpacífico | Delfino.cr